La voluntad de ficción como necesidad existencial en
el pensamiento poético pessoano.
Pablo Javier Pérez López
Fingimos e sonhamos para poder viver
António Mora
Resumen
Se propone una indagación reflexiva en una concepción biológica de lo literario donde
la necesidad de la ficción, de la ilusión, de la mentira artística es esencial para la propia
vida.
Recorriendo los textos pessoanos podemos recoger manifestaciones de esta forma de
ver la literatura como vida y la vida como literatura identificando la esencia del mundo
con la mentira literaria, con la ilusión de la que se vive, con la ensoñación.
La imposibilidad biológica de la vida sin la voluntad ficcional, sin la mirada cuentista,
imaginativa, ensoñadora, hacia la alteridad, tan patente en autores como Nietzsche,
Wilde, Vico, Yeats, Ortega … la imposibilidad de la vida sin la literatura, la voluntad de
ilusión como origen de nuestro mundo frente a la desapasionada voluntad de verdad, se
hace radicalmente explícita y esencial en Pessoa y en su fenómeno heteronímico en una
doble vertiente como encarnación de la crisis de la Filosofía Moderna y su enfermiza
voluntad de verdad y como constatación de la esencia biológica de la ilusión literaria.
Crear ficciones y crear creadores de ficciones será el sentido esencial de la vida, el
camino indispensable para sobrevivir.
Se propone un desarrollo reflexivo de esta concepción de la literatura y de la vida a
través de los escritos pessoanos y de un juego de intertextualidad con los otros autores
citados para tratar de satisfacer la propia intuición esencial del autor del escrito según la
cual vivir sin literatura es metafísicamente imposible. Todo ello dentro del ámbito de la
antigua disputa entre la esencia de lo literario o poético y de lo filosófico que constituye
parte esencial de la crisis de la Modernidad y devuelve la legitimidad literaria a lo
filosófico y la legitimidad filosófica a lo literario abriendo las fronteras entre estas dos
formas de mirar la vida.
1
El texto propuesto presenta una doble vertiente teórica y hermenéutica en cuanto el
trabajo de conceptualización e intertextualidad entre los autores de la literatura
biológica se completa con un trabajo de selección textual de pasajes y fragmentos clave
de texto de Fernando Pessoa que permiten encontrar patentes en su obra las principales
intuiciones esenciales de todos estos autores de lo que he venido a llamar literatura
biológica.
Palabras clave: Soñar, Imaginar, Ilusión, Mentira, Crear, Creer, Inocencia, Ingenuidad,
Infancia, Voluntad, Filosofía, Literatura, Poesía
2
I. Biología y Literatura. El Animal fantástico.
Hay escritores y lectores para quienes la expresión “literatura y vida” es casi
obscenamente redundante. Su postura es similar a la de aquellos que se opusieron y
oponen a la artificialidad y la abstracción en la Filosofía. Su mirada se centra en la
esencialidad ontológica de lo literario que se convierte en esencia de nuestra propia
animalidad, es decir de nuestra forma de vivir.
La literatura desde esta perspectiva queda alejada de toda erudición o elitismo, de toda
intelectualización y de toda mirada académica para situarse en el terreno explícito de lo
biológico, de la vida y del decir sobre la misma, en la vida del individuo y de la especie.
La fantasía, la ensoñación, la imaginación, la ilusión, la poesía en cuanto producto y
actitud son nuestras grandes armas adaptativas. Desde esta mirada lo literario unido al
instinto de mitificación que nos caracteriza como especie híbrida y enferma se aleja del
análisis social del proceso de desarrollo de productos literarios y el análisis de su
proceso de producción y recepción para poner su mirada en la esencialidad de la
literatura identificada como vida, como instinto, como pulsión, como deseo, como
necesidad. Desde esta posición no interesa el proceso literario de consumo sino su
esencia ontológica, es decir, para decirlo con claridad, el qué es. Su qué es, su esencia
coincide con nuestra esencia de especie.
La literatura es eso que nos salva y nos inaugura como especie. Nuestra capacidad
fundacional y fundante es la capacidad de fantasear, de construir mentiras lúcidas,
mitos, fantasías, fantasmagorías, imaginaciones, ilusiones… Nuestra esencia literaria es
lo que nos define como especie, especie de creadores y de creyentes, de constructores de
mitos y religiones, de mentiras conscientes e inconscientes que nos sirven para
acercarnos a lo real, al mundo, que nos sirvieron para enfrentarnos al mundo
ensimismante y enigmático de los primeros tiempos.
Imaginar, Cantar, Contar cuentos, mitos, simbolizar está en el origen de nuestra especie
y es ése instinto simbólico y mítico el que está en el origen olvidado de las mayores
hazañas y las mayores catástrofes de nuestra especie. La razón y la ciencia comienzan
en la fantasía. La razón y la ciencia se fundan en el olvido de su origen fantástico y en
ello reside su peligro de ilusiones inconscientes. Nacemos de eso que Vico llamó la
Sabiduría poética, la metafísica poética:
3
La primera sabiduría del mundo gentil, debió comenzar por una metafísica, no
razonada y abstracta como es hoy la de los instruidos, sino sentida e imaginada como
debió ser la de los primeros hombres, ya que carecían de todo raciocinio y , en
cambio tenían muy robustos sentidos y muy vigorosas fantasías. Ésta fue
propiamente su poesía, que en ellos fue una facultad connatural nacida de la
ignorancia de las causas...atribuían a las cosas admiradas el carácter de seres dotados
de la sustancia de su propia idea, como corresponde a la naturaleza de los niños...que
toman entre las manos cosas inanimadas y juegan y hablan con ellas como si fueran
personas vivas.1
De una metafísica sentida e imaginada, biológica, instintiva que crearon las cosas, las
ideas, y el mundo mediante la fantasía. Aquellos que creaban fueron llamados “los
creadores” que en griego se decía “los poetas” Poetas fueron los primeros pensadores
aún sin pensamiento sistemático, con sentimiento literario del mundo2. La literatura
como sentir intenso y profundo del mundo, como creación y mediación de los
sentimientos desde la fantasía inaugura el mundo. No es extraño, si creemos en este
mito del origen del hombre, que Nietzsche y Ortega llamen al animal humano, “el
animal fantástico”.
El propio Pessoa participa de esta idea (ver texto 49); El primer pensamiento fue
ensoñación; pensar es soñar a pesar de nuestro olvido. La fantasía está en el origen de la
razón, la pasión literaria adquiere carácter fundador de nuestra esencia y la soberbia de
la Razón y de la Ciencia y la subyugación de la literatura a éstas se basa en este olvido:
... ésa última bestia que es el hombre tiene que vivir, a la vez, en dos mundos –el de
adentro y el de fuera- por tanto, irremediablemente y para siempre, inadaptado,
desequilibrado, esta es su gloria, esta es u angustia. El hombre es el animal fantástico;
nacido de la fantasía, es hijo de la “loca de la casa”. Y la historia universal es el
esfuerzo gigantesco y milenario de ir poniendo orden en esa desaforada, anti-animal
fantasía. Lo que llamamos razón no es sino fantasía puesta en forma. ¿Hay en el
mundo nada más fantástico que lo más racional? ¿Hay nada más fantástico que el
1
VICO, G Ciencia Nueva Madrid. Tecnos. 1995, p.181-82
Recuerdo aquí a Pessoa definiendo la filosofía como un sentimiento intenso y por eso poético de las
cosas.
2
4
punto matemático y la línea? ¿Hay fantasía más fantástica que eso que llamamos
“justicia” y eso otro que llamamos “felicidad? 3
La fantasía es el instinto biológico que nos caracteriza como especie, soñar, imaginar,
sentir lo otro, la alteridad, la otredad y construir nuestra identidad tomando como base
ficciones reguladoras, mitos, leyendas, sueños, pensamientos . Identidad y Alteridad,
mundo interior y mundo exterior, conciencia y mundo, formas de caracterizar nuestra
relación literaria, esto es metafórica, simbólica, entre nuestra individualidad y la vida.
Desde esta perspectiva hay dos grandes encuentros literarios que merecen atención, el
encuentro literario con nosotros mismos, con nuestra mismidad, con nuestra conciencia,
con nuestro yo como narrador de la historia de un naufragio y el encuentro literario de
nuestro yo con lo demás y con los demás. Es por esto que esta condición biológica, de
vivir narrando y narrándonos nos sumerge de lleno en la esencialidad literaria de
nuestro ser. Nosotros mismos, incluso en la más absoluta soledad somos literarios,
somos literatura en cuanto narración de nuestra propia mismidad y nuestra propia
aventura en el vivir. Me hablo a mí mismo simbólicamente, metafóricamente me narro,
mitológicamente me explico, me cuento un cuento sobre mi mismo: conquisto mi
existencia literariamente, con letras, con sonidos, con canciones, con impulsos
nerviosos que llamamos palabras, poemas, ecuaciones.
La construcción de metáforas es nuestro instinto fundacional. La literatura nos identifica
biológicamente como especie. Nuestros padres y nuestras madres, son los poetas y la
poesía. Somos esencialmente literatura, Somos esencialmente poesía y lo hemos
olvidado.
Creer en nuestra esencia fantástica, literaria, poética como origen de nuestra adaptación
al mundo, fantasear para poder vivir, nos lleva a una disputa tan antigua como el tiempo
donde se enraíza la idea de la sabiduría poética, del instinto literario, de la literatura
biológica; la antigua y eterna disputa entre Pensamiento y Literatura, entre Filosofía y
Poesía.
Crear mundos es nuestro instinto fundamental.
3
ORTEGA Y GASSET, J, Una interpretación de la Historia Universal, Madrid, Alianza, 1984, p.242-3
5
II. Filosofía y Literatura, las fronteras rotas: El
pensamiento poético, El pensamiento trágico.
Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas
Antonio Machado
Somos hambres. Hambres mugientes vestidas de palabras y ropajes divinos. Animales
que hablan y desean. Animales que resoplan entre la religiosidad de la palabra mecida
por el ritmo de la vida. Somos deseos empalabrando el mundo, enfrentándose al
misterio ensimismante de la realidad desnuda, sembrando palabras en el tiempo. Somos
un hambre dupla y enferma, un hambre animal y divina, una paradoja esencial y
existencial, una hibridación constituida en raza enferma y sagrada entre los animales y
los dioses, un cainismo almático hecho especie. Somos niños que quieren ser dioses,
somos dioses que quieren ser niños. Somos creadores de mundos en el mundo.
Una doble hambruna, un doble instinto que a modo de inexplicable deseo arrastra
nuestra raza enferma desde el amanecer de los tiempos, una doble dependencia,
necesidad de nuestra animalidad que nos define, y especifica nuestro vivir, , nuestra
animalidad, nuestra vida, que es conquista y aparente libertad, nuestro ser a medio
camino entre lo animal y lo divino, nuestra terrible enfermedad incurable y pegadiza de
lo poético4.
En el escalafón, por tanto, de los ejércitos de los vivos, de los seres insuflados de vida
encontramos entre los dioses y los animales, a los animales humanos, a los poetas, a los
animales fantásticos, cuya estirpe, cuya hibridación entre el animal y el dios nos
prefigura la problemática esencial de su ser: Criaturas creadoras.
Hablar de Filosofía y Poesía es hablar de la encrucijada existencial del animal humano,
el del estar ahí humano, el de estar en el tiempo, en el transcurrir ontológico humano en
esta realidad radical y desnuda que es La Vida, como diría Ortega. De tal manera que la
problemática que gotea en el fondo es el propio contenido esencial de nuestro existir
como encrucijada, como cuestión, como incógnita sin solución clara o aparente. En
definitiva se nos plantea poder o querer saber, determinar (hablamos de un problema
filosófico) la cuestión, la aporía que constituye nuestro ser (o quizá para ser más exactos
4
...y lo que sería peor hacerse poeta, que según dicen es enfermedad incurable y pegadiza. Quijote I, 6
6
nuestro existir que es nuestro modo de ser, un ser abierto a la conquista de la propia
esencia, es decir a cierta libertad quizá determinada por nuestras grandes hambres o
instintos, o dependencias de la Voluntad, del mandato de la naturaleza, del deseo, del
instinto, de la animalidad)
Quizá el problema que nos constituye como raza híbrida pueda enunciarse con enorme
sencillez si nos preguntamos si querer es poder o querer es no poder y todo ello quizá
para concluir que quizá sea nuestro querer y no poder nuestra esencia originaria y
auténtica, y el hablar del ser humano como problema filosófico no sea sino un
eufemismo5 para hablar de una existencia de hambres contradictorias y no calmadas,
una pugna de hambres contradictorias y tercas que acaban por sacudirnos y hacernos
temblar sintiéndonos como personajes de una cruel tragedia. En definitiva como
orgullosos animales que quieren ser divinos, que exhiben instintivamente su hybris, que
quieren saber las entretelas del misterio del mundo y que crean mundos, que crean ser,
que se erigen en filósofos y poetas, en definitiva.
Filosofía y Poesía, finalmente se nos presentan como las dos grandes hambres, los dos
grandes deseos, los dos grandes instintos que representan la desmesura de nuestro
deseo: el querer saber y el querer existir, el querer perseverar, el querer conquistar lo
real o lo eterno. El animal humano, pues, es problemático porque su piel recubre un
núcleo almático deseante, querencial en una doble dimensión contradictoria, de cuya
interfecundidad, de cuyo diálogo, de cuyo equilibrismo6, de cuyo ir de lo uno a lo otro,
nace el arte y la ciencia, la alegría y la tristeza de la vida, la esencia del pensamiento
poético, del pensamiento trágico; aquél que nace de la aceptación de lo trágico, de la
contradicción entre realidad y deseo.
Esta tensión entre filosofía y poesía es una tensión sempiterna de la historia de nuestro
espíritu, de nuestro aliento, de nuestro deseo, de nuestra querencia y por ende de toda la
historia de la filosofía. La batalla que ha marcado, que marca el rumbo de nuestra alma
histórica e histérica, mesurosa y ebria es la de la lucha entre el ejército de poetas y el de
filósofos, el de aquellos animales seducidos por la pasión y la mentira artística y el de
los defensores del honor, el deber y el amor a la verdad en su sentido platónico. Y todo
olvidando un tiempo en el que filósofos y poetas formaban un único ejército victorioso
sobre un mundo recién creado, recién estrenado. (Aquellos sabios-poetas de los que
5
El eufemismo más habitual y a la vez cruel e indecoroso de la filosofía es el concepto.
Entre el mundo interior y exterior como dijimos, entre nuestra animalidad y nuestra anti-animal
narración y creación fantástica de nuestra propia vida.
6
7
habla Vico, aquellos filósofos presocráticos que decían lo que pensaban mediante lo
literario)
En la época de la sabiduría poética de la Grecia presocrática el individuo aún no existía
separado del regazo de la naturaleza, del mundo, de la vida, del triunfo de Eros, de la
Voluntad y el poeta era el embriagado, el maniático animal que ejercía esta mediación
soberbia con lo sobrenatural, el que trataba de ayudar a comprender el mundo olvidando
los dogmas y la rigidez y disfrutando de una religiosidad primitiva y originaria,
neopagana.
El poeta educaba y guiaba al pueblo. Los primeros filósofos fueron también poetas
hasta que otro deseo abrupto de nuestra animalidad, el anhelo de verdad, la violencia del
concepto sometió, subyugó al deseo literario y mitológico intelectualizando la
inspiración de los primeros poetas y declarando proscritos de la Πολιτεια a los poetas
por sostener la herejía de la imaginación, de la ilusión, de la mentira lúcida, por
renunciar, en definitiva a la moral y al concepto universal.
La primera sabiduría poética, tal como la denominó Vico es derrocada y sometida por
la sabiduría intelectual y científica. La metafísica sentida e imaginada que representa el
sabio poeta queda sometida por la metafísica de la búsqueda conceptual y universal de
los primeros principios y causas. Esta guerra histórica y almática, la de la historia de
nuestra alma herida evidencia la problemática ontológica de nuestra animalidad, que a
mis jóvenes ojos es expresión de nuestra imposibilidad constitutiva esencial, un no
poder ser de otra manera, una paradoja tensa e irrompible. Y aún más paradójica cuando
el poeta y el filósofo enemigos íntimos conviven en una misma alma, la del hombre
concreto de carne y hueso y la de nuestra raza enferma.
Esta enemistad excluyente entre el logos poético y el logos filosófico no es otra cosa
que la expresión clara y quizá simbólica de nuestra herida inmensa: la de querer e
imaginar más de lo que se puede. La de ser un dios cuando se sueña y un mendigo
cuando se reflexiona en lapidaria expresión de Hörderlin.
Así en último momento ése problema filosófico que plantea nuestra hambre doble es
quizá la agonía, la lucha uterina de un animal que se quiere divino y que desde su doble
deseo de querer saber y de querer perseverar trata de desvelar el misterio del existir y
de, renunciando a la búsqueda, recrear el mundo encontrado. Y la mayor paradoja de
todo este asunto es precisamente la que apunta María Zambrano: “No se encuentra el
hombre entero en la filosofía: no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía”
8
7
Son dos mitades que se nos antojan insuficientes. Se nos presenta malforme un hombre
sin imaginación, sin pasión sin uso metafórico de la misma manera que quizá
enteramente animal un poeta desvergonzado que no mantenga la enfermedad de la
conciencia, de la reflexividad. (un animal humano sin conciencia deja de ser un animal
enfermo y por tanto humano –aunque quizá con mucha alegría para él-) El ejército de
poetas se encuentra desmotivado y perdido sin el ejército de filósofos. Unos y otros
nacen y se entrenan para avivar la llama de nuestra agonía, de nuestra pugna ontológica
esencial entre el deseo animal y la dominación sapiencial.
El filósofo navega movido por la voluntad de verdad en la búsqueda conceptual
universal de la verdad platónica. Es modelo del saber, del conocer, de la razón, que trata
de someter conceptualmente lo real, que se desvive por explicar, que busca el por qué
universal, que exhibe la autonomía moral del adulto, su seriedad, que hace en definitiva
metafísica científica, que subyuga lo literario y lo poético al amor a la verdad y que en
la mayoría de los casos duerme sin soñar, y lo que es peor, vivir despierto sin soñar.
El poeta sobre-vive con la fantasía, con la pasión, con una razón sometida por la vida y
el impulso de la poesía que está en cada rincón y cada gesto de este planeta. (The poetry
of the earth is never death dice primero John Keats y después repite Pessoa)
Su animalidad más desarrollada es la poética, la creativa, la fantástica, la de un pequeño
creador de mundos y hombres, la de un ingenuo que crea y cree que se encuentra
originariamente con el mundo en búsqueda de una verdad concreta, que trata de
comprender describiendo esencias y ofreciendo sus intuiciones desde su ser de hombre
concreto de carne y hueso, un animal que hace metafísica artística, que entiende el arte
como la actividad propiamente metafísica del hombre, que sueña sin dormir porque está
embriagado por la vida (la embriaguez es soñar despierto dice bellamente Ortega), que
representa el santo decir sí a la vida de un niño ingenuo, que no busca porque “el poeta
tiene lo que ha buscado y más que poseer se siente poseído” como dice Zambrano, que
es fiel a la ilusión y a la apariencia como esencia del mundo, a la mentira artística frente
a la obsesión intelectiva por la verdad socrática, que no sabe saber sino beber el vivir, la
ebriedad del entusiasmo, de la ensoñación.
7
“Pero hay otro motivo más decisivo de que no podamos abandonar el tema y es que hoy poesía y
pensamiento se nos aparecen como dos formas insuficientes; y se nos antojan dos mitades del hombre: el
filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo
humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la
filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por
gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método.” ZAMBRANO. M; Filosofía y Poesía.
F.C.E. Madrid. 2001. Pág 13
9
El hombre es un animal enfermo que no puede rajar el vientre de su alma y desalojar al
filósofo o al poeta que cual molusco testarudo, cual parásito se aferra a sus paredes
aéreas según su deseo y mantiene en la pugna de ambos su pálpito característico del
paradójico dolor de la lucidez. La lucidez, el saber, la conciencia nos habla de la
realidad de la muerte y del dolor del tiempo y la inocencia de una niñez recobrada (eso
que Gonzalo Rojas llama la reniñez) de viejo poeta nos cuenta desde lo trágico la risa
irónica de la realidad de lo deseado y lo imaginado, del amor a la vida por encima de la
verdad dolorosa. El hombre es un animal enfermo que ríe y llora y canta a la luna que
tiene en su seno el deseo inquebrantable de un ilustrado, el querer saber, y la nostalgia
religiosa de un romántico, el querer perseverar, una nostalgia perenne. Dos hombres,
dos enmascarados en un sola alma que en raras ocasiones caminan juntos, tal como nos
dice Nietzsche:
“Hay períodos en los que el hombre racional y el hombre intuitivo caminan juntos; el
uno angustiado ante la intuición, el otro mofándose de la abstracción; es tan irracional el
último como poco artístico el primero. Ambos ansían dominar la vida: éste sabiendo
afrontar las necesidades más imperiosas mediante previsión, prudencia y regularidad;
aquél sin ver, como héroe desbordante de alegría, esas necesidades y tomando como
real solamente la vida disfrazada de apariencia y belleza”8
Cómo no ver tras estos hombres al filósofo y al poeta, el primero vencido por la
voluntad de verdad, tratando de trillar apariencia y esencia mediante el método
científico, categorial, universal y reduciendo el resto a mera literatura, el segundo
vencido por la voluntad de ilusión invirtiendo el columpio socrático identificando
esencia y apariencia haciendo inútil y terriblemente poética la ciencia (Ya dijo Marx
que si esencia y apariencia coincidieran no haría falta ciencia) El poeta asume ser
asesino de la verdad platónica y se regodea de ser mentiroso: O poeta é um fingidor dice
Pessoa o El poeta que miente, a sabiendas, voluntariamente es el único que puede decir
la verdad, sentencia Nietzsche.
Quizá el filósofo trágico, el poeta que recupera la filosofía sin subyugación, que camina
sobre el abismo de lo real, entre las dos montañas de lo poético y lo filosófico
[recordemos las palabras de Heidegger: “Tal vez sepamos algunas cosas sobre la
relación entre la filosofía y la poesía. Pero no sabemos nada del diálogo entre el poeta y
8
NIETZSCHE. F Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Madrid, Tecnos, 2001, pp, 37-8
10
el pensador, que “habitan cerca sobre las más distantes montañas”]9 es el único que
puede sobrevivir aceptando la tensión existencial que implica no poder evitar pasear, ser
puente entre el tenso combate entre la filosofía y la poética. Quizá esa extraña expresión
de “el ser humano” es decir lo que somos, nuestro siendo, no sea otra cosa que una
cuerda tensa que vibra y sacude entre las dos montañas que habitan no ya el filósofo y el
poeta sino los dioses y los animales como canta Zarathustra:
El hombre, el animal humano enfermo de conciencia y de poesía es un puente por el que
transitan todos los deseos del mundo, divinos y animales, los más elevados instintos y
los ímpetus menos civilizados los ejércitos de la razón y los escuadrones de la fe, de la
creencia, los lógicos y los poetas, lo que creen en el conocimiento y los que creen en la
vida (¡Para los griegos todo era vida, para nosotros todo se queda en conocimiento!
Grita amargamente Federico Nietzsche)
Con todo ello tiene que ver mucho ese puente esencial real y existencial que es nuestra
animalidad entre la realidad y el deseo (en términos cernudianos) entre aceptar lo real
sin comprensión o tratar no sólo de comprender sino más aún de explicar,
desmenuzando realidad y apariencia. Entre aceptar de forma animal la vida o negarla
desde la moralidad o el concepto ascético, entre ser adulto o ser niño, entre estudiar con
seriedad o jugar en la plaza.
La metáfora orteguiana del cascabel puede servirnos para ilustrar la necesidad de
reintegración o conciliación inevitable de los contrarios en nuestra pugna interior:
“Hay hombres que llevan en el ángulo de la pupila una inquietud latente, la cual hace
pensar en un niño acurrucado y escondido, presto a dar el brinco genial sobre la vida, la
carrera loca y alegre que proporciona el gran botín de la ciencia, del arte y del imperio.
Sólo esos hombres me parecen estimables y el resto es contabilidad (...)
Así, es la madurez no una supresión sino una integración de la infancia. Todo el que
tenga fino oído psicológico habrá notado que su personalidad adulta forma una sólida
coraza hecha de buen sentido, de previsión y cálculo, de enérgica voluntad, dentro de la
cual se agita, incansable y prisionero, un niño audaz (...) Somos todos, en varia medida,
como el cascabel, criaturas dobles, con una coraza externa, que aprisiona un núcleo
íntimo, siempre agitado y vivaz. Y es el caso que, como el cascabel, lo mejor de
9
HEIDEGGER. M En Epílogo a ¿Qué es Metafísica?.. Hitos. Alianza, Madrid. pp.251-258
11
nosotros está en el son que hace el niño interior al dar un brinco para liberarse y chocar
con las paredes inexorables de su prisión”10
Y esta afirmación de nuestra condición de criaturas dobles donde juega un papel
esencial la niñez me lleva a pensar en la rotunda afirmación pessoana: Más vale ser niño
que querer comprender el mundo: El poeta seducido por el amor a la vida quiere evitar
la obsesión por la comprensión para alcanzar una fidelidad total al destino de nuestra
propia animalidad. El poeta es un viajero identificado con su destino. Frente al dolor de
la lucidez decide recobrar una niñez, una re-niñez, una nueva inocencia que le permite
conquistar el mundo como el juego alegre de crear y de creer olvidando el dolor de una
metafísica abstraída. Olvidando el dolor del pensamiento para sentir todo de todas las
maneras posibles y devolverse a la ausencia de misterio. El poeta se rebela contra una
filosofía abstracta y deshumanizante, contra un conocer desapasionado, contra el dolor
del pensar enajenante que no está ligado sin remedio al sentir, es difícil encontrar
expresión más sugerente y honda de este dolor que proporciona el pensar que la que
contiene este poema de Caeiro, el heterónimo más nietzscheano y neopagano de
Fernando Pessoa:
Hay bastante metafísica en no pensar en nada
¿Qué pienso yo del mundo?
¡Yo que sé lo que pienso del mundo!
Si enfermase pensaría en eso
¿Qué idea tengo yo de las cosas?
¿Qué opinión tengo sobre las causas y los efectos?
¿Qué he meditado sobre Dios y el alma?
¿y sobre la creación del mundo?
No sé. Para mí pensar en eso es cerrar los ojos
Y no pensar. Es cerrar las cortinas
De mi ventana (pero ella no tiene cortinas)
10
ORTEGA Y GASSET. J La psicología del cascabel (marzo. 1920). El espectador III. Obras completas,
II, Págs.299-300
12
¿El misterio de las cosas? ¡Yo que sé lo que es el misterio!
El único misterio es que haya quien piense en el misterio
Quien está al sol y cierra los ojos
Comienza a no saber lo que es el sol
Y a pensar muchas cosas llenas de calor
Pero abre los ojos y ve el sol
Y ya no puede pensar en nada
Porque la luz del sol vale más que los pensamientos
De todos los filósofos y de todos los poetas
La luz del sol no sabe lo que hace
Y es por eso que no yerra y es común y buena
¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen aquellos árboles?
¿La de ser verdes y de gran copa y tener ramas
Y la de dar fruto en su tiempo, lo que no nos hace pensar,
A nosotros, que no sabemos dar por ellos
Pero qué metafísica mejor que la de ellos
Que es la de no saber para que viven
Ni saber que no lo saben?
“Constitución íntima de las cosas”...
“Sentido íntimo del Universo”
Todo eso es falso, todo eso no quiere decir nada
Es increíble que se pueda pensar en cosas de esas
Es como pensar en razones y fines
Cuando el comienzo de la mañana está reluciendo,
y por los lados de los árboles
un vago oro lustroso va perdiendo la oscuridad
Pensar en el sentido íntimo de las cosas
Es exagerado, como pensar en la salud
O llevar un vaso al agua de las fuentes
El único sentido íntimo de las cosas
Es que ellas no tienen sentido íntimo ninguno
No creo en Dios porque nunca lo vi
13
Si él quisiese que creyera en él
Sin duda que vendría a hablar conmigo
Y entraría por mi puerta adentro
Diciéndome, ¡Aquí estoy!
(Esto es tal vez ridículo a los oídos
de quien, por no saber lo que es mirar para las cosas
no comprende a quien habla de ellas
como el modo de hablar que reparar en ellas enseña)
Pero si Dios es las flores y los árboles
Y los montes y el sol y el luar
Entonces creo en él
Entonces creo en él a todas horas,
Y mi vida es toda una oración y una misa
Y una comunión con los ojos y por los oídos
Pero si Dios es los árboles y las flores
Y los montes y el luar y el sol
Para que lo llamo Dios?
Lo llamo flores y árboles y montes y sol y luar
Porque, si él se hizo para que lo viera
Sol y luar y flores y árboles y montes
Si él me aparece como siendo árboles y montes
Y luar y sol y flores
Es que él quiere que yo lo conozca
Como árboles y montes y flores y luar y sol
Y por eso le obedezco
(¿Qué más se yo de Dios que sí mismo?)
Le obedezco viviendo, espontáneamente
Como quien abre los ojos y ve
Y le lamo luar y sol y flores y árboles y montes
Y lo amo sin pensar en él
14
Y lo pienso viéndolo y oyéndolo
Y ando con él a todas horas11
El poeta se rebela contra el dolor existencial del pensamiento anhelando una metafísica
animal, la del animal que no sabe para qué vive y no se pregunta, sólo vive y ama,
quiere sin preguntas ni respuestas. Otro de los versos de estos poemas caeirianos del
Guardador de rebaños es más explícito: Amar es la eterna inocencia y la única
inocencia es no pensar. Pensar sólo nos hace más prisioneros del destino de un animal
divino de alma mortal. Sólo la inocencia, la ausencia de un por qué se ofrece como
refugio. Sin embargo el poeta sólo puede desear la inocencia y reconquistarla con más
voluntad que éxito, pues aún sin querer pensar acaba haciéndolo, y aún escribiendo un
manifiesto neopagano del más deseante irracionalismo y vitalismo no puede evitar hacer
metafísica, no puede dejar la metafísica aún guardando silencio, ya lo dice Caeiro: Hay
bastante metafísica en no pensar en nada.
Hay momentos de la historia de nuestra animalidad en que el filósofo que ama la verdad
y el poeta que ama la vida quizá “no porque esté habituado a vivir sino porque está
habituado a amar”12 se encuentran en el seno del alma de nuestra raza enferma y se
miran con detenimiento. Son épocas de tregua donde el ejército de filósofos no acecha a
los adoradores del sentir y donde el ejército de poetas no acecha a los adoradores del
pensar. Son épocas donde se reconoce y reinstaura la necesidad fundante y originaria
de la literatura como biología.
En esas épocas de crisis, donde no hay subyugación de lo literario a lo filosófico es
cuando nuestra tribu se recoge al misterio de una oscuridad primitiva para establece un
diálogo, un hablar que acaba siendo asombrado. En definitiva todo acto literario es un
acto de primitividad, de recogimiento en la narración interior para volver al mundo, de
originariedad que origina, que funda, que crea, De creación de mundos. Crear mundos
es obedecer al destino de la vida (amor fati).
En las épocas de crisis Metafísica y ética, en las que tiemblan las certezas, los filósofos
descubren que no pueden vivir y filosofar sin las grandes metáforas poéticas que
estructuran el pensamiento y los poetas asumen que su mentira artística y su ironía
ocultan una seriedad filosófica indeseada. Es entonces, de este ese diálogo productivo
cuando nace la raza sagrada de los mestizos, de los heterodoxos que no pueden filosofar
11
12
PESSOA, F. Poemas de Alberto Caeiro. El guardador de rebaños. Poema V (La traducción es mía)
NIETZSCHE. F. Así habló Zarathustra. Alianza. 2006. p 38
15
sin poetizar ni poetizar sin filosofar, que rompen las fronteras entre los dos rebaños y se
preparan para el acto sagrado de mezclarse. Con qué claridad vivía y preveía
literariamente Antonio Machado, tras la fina piel de su Mairena este encuentro:
“Algún día –habla Mairena a sus alumnos- se trocarán los papeles entre los poetas y los
filósofos... Los poetas cantarán su asombro por las grandes hazañas metafísicas, por la
mayor de todas, muy especialmente, que piensa el ser fuera del tiempo, como si
diéramos el pez vivo y en seco, y el agua de todos los ríos como una ilusión de los
peces. Y adornarán sus liras con guirnaldas para cantar esos viejos milagros del
pensamiento humano , En cambio los filósofos, irán poco a poco enlutando sus violas
para pensar, como los poetas, en el fugit irreparabile tempus. Y por este declive
romántico llegarán a una metafísica existencialista, fundada en el tiempo... algo en
verdad poemático más que filosófico...Y estarán frente a frente, poetas y filósofos,
nunca hostiles, trabajando cada uno en lo que el otro deja"13
Favorecido por la crisis de la Modernidad14 que mantenía al poeta en el terreno de la
lírica sin revolverse hasta las tragedias y los dramas del periodo presocrático, tras llegar
a los callejones de la razón solitaria y olvidadiza de la poesía de la vida y de la vida de
la poesía, cuando la imaginación, la ilusión vuelven a ser necesidad biológica, ese día,
esa mirada asombrada entre filósofos y poetas, que nos permite en un grandioso acto
canibálico volver a tratar de digerir nuestro ser, tratar de responder la problemática
pregunta que se cuestiona por nuestro ser, ha llegado. Hoy hablan y ríen Filósofos y
poetas mestizos en una taberna de la República. Tras evidenciar el olvido de la ilusión
literaria como fundadora del pensar vuelven los poetas-pensadores, esos que nunca
perecieron pero que tras re-conocernos como animales fantásticos, mentirosos volvemos
a mirar sin la soberbia de la ilusión insconciente de la Razón. La razón poética de
Zambrano, la razón vital de Ortega recuperan, revelan el origen poético y biológico del
pensar, reinaguran el pensamiento trágico.
El pensamiento trágico es aquél que hace existencialmente explícita la conciencia de lo
trágico, es decir, de la imposibilidad de conciliación entre la realidad y el deseo, entre el
13
MACHADO, A. Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo.
Castalia. 1985.p 192.
14
Modernidad Filosófica que no literaria.
16
instinto de representación y el instinto de autoconservación, entre el querer saber y el
querer existir.15
El pensador, el filósofo académico (socrático-platónico) tiene en el querer saber la vela
mayor de su viaje filosófico, su conocer es teórico, teorético, centrado en el tratar de
saber, de conocer; el inteligir, la visión intelectiva del objeto, todo mediante el uso
metódico del concepto y de la razón. Todo en búsqueda del saber y de la verdad. Es una
búsqueda universal, de la unidad esencial de la pluralidad, un intento de demostrar, de
explicar desde la abstracción de categorías y formas. Un intento serio de decir del
mundo, un acto adulto de autonomía moral y epistemológica.
En la trinchera filosófica y también artística opuesta a la del filósofo platónico-socrático
encontramos al pensador poético o trágico. Éste es personificación de un conocer
apasionado que encarna una liberación metódica. Su conocer procede de su vivencia, de
su padecer, en definitiva de su pasión y de la imprudencia inherente al vivir apasionado.
No parte hacia un conocer sino hacia cierta precomprensión vital donde la razón queda
supeditada a la vida, a lo biológico, al instinto de autoconservación, al querer existir,
desde esta trinchera de pensamiento ya no tiene sentido hablar sino de razón vital, de
razón poética, de cierto encuentro originario y primario con lo real frente a la búsqueda
conceptual filosófica.
El encuentro es creativo, tan creativo que la propia verdad ya apenas se busca sino que
trata de descifrarse en su encuentro poético, esto es, en su creación. La verdad se crea
paradójicamente desde la mentira, desde la ficción y ya no puede ser sino desvelamiento
de una esencia oculta en vez correspondencia entre lo pensado o dicho y la realidad que
pretende encerrar un concepto. El pensador trágico asume la limitación del concepto y
se centra en describir creativamente esencias desde una encarnada libertad de espíritu en
la indagación ontológica de lo real. Basta con intuir el misterio esencial del mundo, con
sentir desde la concreción la pluralidad ontológica frente a la obsesión por la unidad
epistemológica del académico ortodoxo. Desde el ser creativo concreto de carne y hueso
ya no se toma la vida en serio sino como cruel ironía que sólo puede sobrellevarse con
una infancia reconquistada y alegre, con una inocencia recobrada desde una subjetividad
15
“Los instintos que obran en nuestra naturaleza sensible se reducen a dos fundamentales. El primero nos
mueve a cambiar la situación en la que nos encontramos, a manifestar resueltamente nuestra existencia, a
obrar activamente. Como quiera que su finalidad es procurarnos representaciones, parece adecuado
llamarlo instinto representativo o cognoscitivo. El segundo nos impulsa a conservar nuestro actual estado,
a continuar el desarrollo de nuestra existencia. De ahí que sea llamado instinto de autoconservación.
Aquél tiene que ver con el conocimiento, éste con el sentimiento, es decir, con la percepción interior de la
17
poética y literaria que recrea el mundo para poder creer en él con una coherencia
particular que permita intentar asumir su tragedia con alegría.
El pensamiento poético-trágico es pugna, expresión, cristalización de esta tensión entre
el conocer y el sentir, entre la búsqueda y la vivencia encontrada de la verdad, entre la
sabiduría, la seriedad adulta, y la inocencia en la celebración del alegre juego infantil.
Es un pensar paradójicamente poético o artístico que indaga en lo real desde la vivencia
originaria haciendo dialogar (haciendo irremediable la conciliación) nuestros dos
grandes instintos dando lugar a un conocer apasionado.
Es por ello que frente al poeta lírico, que sólo decora de belleza artificial el mundo el
poeta trágico, el poeta filosófico encarna cierto saber, también cierto decir del mundo,
que con instrumentos distintos, teje un discurso, una palabra, una teoría sobre el
Universo, pero su teoría es a la vez su práctica que no es otra que la poíesis, la creación.
Trata de conocer mundos creando mundos en el mundo, denunciando el saber sólo
teórico, rebelándose ante una metafísica científica abstracta y desapasionada: El
pensamiento trágico devuelve a lo poético la legitimidad filosófica que perdió tras el
triunfo del intelectualismo: es un saber que además de mirar saborea y vive con
intensidad, con pasión.
El filósofo académico, guiado por el concepto, todavía cree en el método, en su amor
por la verdad, todavía, para decirlo en termino más ilustrativo, se toma en serio el
mundo frente a un pensador poético que dice sobre el mundo con ironía, saboreando la
vida y tratando de no renunciar a la conjugación de realidad y deseo. Es en el contexto
de esta enemistad excluyente entre el logos poético y el logos filosófico, entre el saber
poético y el filosófico, entre aquellos que creen en la posibilidad de conciliar esencia y
apariencia frente a los que reclaman la ciencia, el método para discriminar lo aparente
de lo verdadero, donde podemos situar al hombre, a los poetas Fernando Pessoa en un
viaje desde la metafísica científica hasta la metafísica artística o poética sin olvidar la
raíz esencial de ambas, el asombro y la búsqueda de orientación ante la realidad
desnuda (certeza definición de Ortega la de la metafísica como búsqueda de orientación)
propia existencia. Ambos entrañan una doble dependencia de la naturaleza” SCHILLER. F De lo sublime
y sobre lo sublime Ágora. Málaga. 1992
18
Frente a la autonomía moral y el dominio sobre lo real que pretende el hombre
moderno, frente a la luz del moderno, el sonámbulo poeta-filósofo prefiera la acogedora
oscuridad del misterio esencial. En los inicios turbulentos de siglo que Pessoa vive y
encarna, en esa ausencia de certeza, de pérdida se trata de renovar la orientación
metafísica en un misterio renovado del mundo, náufrago en la vida después de una
fuerte apuesta por la inteligencia (inteligir) por comprender el mecanismo del mundo
(de lo real). La herida inmensa que expresa el pensamiento trágico, el pensamiento
poético es la de querer e imaginar más de lo que se puede después de palpar la certeza
de un alma sonámbula y mortal en esos inicios de siglo, un tiempo que vivió Pessoa y él
mismo cristaliza esta agonía de su tiempo (lucha uterina entre lo poético y lo filosófico),
entre dos mitades del hombre que, por separado, se nos antojan insuficientes; el filósofo
y el poeta que dialogan desde un renovado asombro ante el mundo, que pugnan dentro
de las almas pessoanas.
La razón ya no domina lo mítico sino vuelve a ser dominada por la voluntad, por la
vida, por el instinto, por lo biológico: con la imprudencia y la pasión como único
método. El pensador poético opta por reinventar desde un lenguaje artístico que se
desvincula del científico consciente de que el lenguaje y el conocer son la primera
metáfora, la primera ilusión, al sugerir recreando y re-creyendo.
Estamos ante una nueva forma de asimilar, devorar el mundo, de la filosofía como
ciencia se llega a la filosofía como arte, la filosofía es un arte donde tiene sentido la
afirmación machadiana: “los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de
sus poemas”16 que han conocido la naturaleza aporética de la razón
y desde la
sugerencia tejen grandes poemas que (mucho más allá de un mero lirismo) dicen del
mundo, expresan ideas ligadas al pensamiento cumpliendo el afán unamuniano: “Siente
el pensamiento, piensa el sentimiento”17, la emoción acerca la idea, la idea es
apasionada, enraizada en un vivir entusiasmado y ebrio.
El pensador trágico concilia lo poético y lo filosófico, conjuga estos dos grandes
hambres, estos dos grandes instintos, de ahí, de todo ello su dolor(el viaje contradictorio
de la vida) una tensión entre ciencia y poesía, entre realidad y deseo que irrompible,
vibra, sacude y tiembla. La filosofía, desde esta perspectiva alcanza su cumbre hecha
poesía.
16
17
MACHADO. Juan de Mairena. Vol. I. Cátedra. 1999
UNAMUNO. Antología poética. Austral, Madrid. 1999. p. 57
19
El pensamiento se liga con el don, con la inspiración, por ello Pessoa es un
representante del pensamiento inspirado, sugerido, poético, podríamos decir, retrocando
la ya célebre afirmación pessoana que nuestro poeta era un poeta con facultades
filosóficas: embriagado, poseído por el asombro de los primeros filósofos que fueron a
su vez poetas y para los cuales no tenía sentido esta distinción. No podemos dejar de ver
en Pessoa un alma, varias almas, llenas de estos dos grandes sentidos contarios, el amor
a la verdad y el amor a la vida, quizá irreconciliables. Dos hambres que ofrecen una
conciencia trágica, una dolorosa lucidez, un saber herido por lo trágico que se entrega al
imaginar para salvarse del dolor del mundo. El pensador poético, el poeta filosófico ya
no busca la verdad, la encuentra en sí mismo creándola –poiéticamente- tratando de
salvarse de la agonía en el juego metafísico del crear y el creer para sobrevivir.
En el caso pessoano la proximidad entre lo filosófico y lo poético no es amenazante sino
una interfecundidad gloriosamente productiva. Ubicar a Pessoa en el terreno lírico no
puede ser sino una falta de atención a su dialéctica poética que produce múltiples
sentidos filosóficos donde la reflexión, el pensar, mediado por la ficción, por la ficción
de toda su vida, es ramaje esencial y fundacional de la selva pessoana, frondosa y
profunda. Se trata por tanto de una asombrada conversación entre lo filosófico y lo
poético. Lo esencial de la obra no puede ser lo lírico sino la pugna entre el sentir y el
pensar. La poesía pessoana crea ser, mundos y por ello es filosóficamente analizable, el
decir poético es filosófico en cuanto nuevo, en cuanto novedad ontológica creada en una
doble indagación metafísica del vivir, en cuanto dice de lo otro, de la otredad, de la
alteridad ontológica. En definitiva en la creación de ser indagando en el ser. La filosofía
que parte en la búsqueda del ser, de la esencia de lo real no puede dar la espalda al
creador del ser, las dos miradas, la búsqueda filosófica y el encuentro poético se
fusionan en el hacer del poeta dramático, trágico. (La poesía lírica es superada por la
dramática, por la trágica)
En Pessoa la filosofía es impulso para su imaginar, devuelve a lo filosófico la gran
fuerza fundante y fundacional que es imaginar, crear, volver a nuestra condición de
animales fantásticos. Para el poeta trágico, para el pensador dramático todo lo real es
imaginario y todo lo imaginario es real, de ahí su ausencia de certeza y su miedo en el
parejo abrazar de lo mitológico y la sabiduría.
La filosofía, vuelve así a su origen, se hace mitológica, se hace literaria, poética. Pierde
el miedo al contagio, pierde el miedo al contagio del entusiasmo poético.
20
La importancia de la voluntad de ficción como condición de existir no puede entenderse
sino dentro del pensamiento poético, del pensamiento trágico que está inscrita en la
pugna antiquísima entre Filósofos y Poetas. La importancia de la mentira artística se
hace evidente tras la inversión del platonismo que protagoniza el pensamiento trágico.
21
III. La inversión del platonismo. La ilusión como
madre de la vida. La voluntad de ilusión en Nietzsche.
El pensamiento poético y su aceptación del carácter fundacional de lo literario supone
un volver al juego infantil como método filosófico y poético, al crear mundos, en
definitiva a imaginar para sobrevivir. El gran triunfo del pensamiento trágico o poético
es volver al asombro y la gran sacrificada en todo ello es la verdad platónica.
El pensador trágico, el poeta filosofante sabe que para decir la verdad tiene que mentir
Y todo porque la gran tragedia que reclama alegre el poeta trágico es la falsedad de un
trasmundo de lo verdadero, apariencia y esencia son una identidad, la ciencia ya no es
necesaria para establecer lo verdadero, lo verdadero es la apariencia del mundo, el
misterio del mundo. En definitiva no le importa mentir platónicamente para decir la
verdad. Se libera en el imaginar, su liberación está en la máscara, en la persona, en el
fingir artístico que ya no dice la verdad pero la sugiere, la razón queda supeditada a la
vida, a la poesía de la vida (a la mentira platónica, de la vida) y la rigidez metódica se
sustituye por la imprudencia y la inspiración, por la misión maniática, lúcida del poeta
(también para con su pueblo como es evidente en Pessoa). El pensamiento queda ligado
con el don, con la inspiración y con el instinto, con la biología, con la vivencia.
Uno de los representantes esenciales y en gran medida fundacionales del pensamiento
trágico es Friedrich Nietzsche, su inversión filosófica del platonismo es esencial para
comprender el por qué de la necesidad existencial de la ficción, de la literatura, para
comprender la fuerza fundadora de la metafísica literaria, para comprender la
imposibilidad de la vida sin literatura.
El despertar del sueño del método, sueño inconsciente de una época de hybris máxima
comenzó por aceptar nuestra fantástica animalidad, nuestra condición de animales que
construyen y habitan lo que un guardián de la República platónica llamaría
fantasmagorías. Mentiras lúcidas y sobre todo útiles para nuestro querer perseverar en la
vida, en el vivir. La literatura y el arte como error útil diría Pessoa. A nuestro entender
la gran intuición nietzscheana que sustenta toda la crítica de la Modernidad, que tan en
particular lleva a cabo en Más allá del bien y del mal y Así habló Zarathustra18 en una
doble formulación filosófica y literaria, es la que tiene que ver con la desconfianza en la
18
“Este libro [MBM] es en todo lo esencial una crítica de la modernidad… ” Ecce Homo. Madrid.
Alianza. 2006. p. 119
22
verdad y su destejerla como concepto hasta dejar entrever su desnudez de mentira útil y
biológicamente necesaria.
La inversión del platonismo que protagoniza su sabiduría salvaje19 viene acompañada
irremediablemente de la aceptación de la voluntad de ilusión como condición del existir
frente a la voluntad de verdad del intelectualismo socrático-platónico-ilustrado. La
humillación fundamental que supone este voltear el esquema ontológico del instinto del
hombre del conocimiento es desvelar, hacer consciente el sueño, la ilusión del método
universal, ilusión enferma por una fe inconsciente en ella, por un creerla verdad sin
saberlo, por un creer sin crear y recrear originario. Una ilusión dormida, en definitiva
que producía desapego vital y subyugación bajo el hambre de verdad.
El desvelar la verdad como metáfora olvidada, como máscara que dice mintiendo
conscientemente, intuición esencial y profunda de Sobre verdad y mentira en sentido
extramoral y Sobre el pathos de la verdad20, persiste en Más Allá del bien y del mal y
en Así habló Zarathustra, no como temática central, pero sí como intuición básica que a
nuestro entender legitima la gran crítica de la modernidad en los aspectos morales y
metodológicos y la indagación genealógica nietzscheana.
La puesta de manifiesto de la ignorancia sobre la que se levanta el conocimiento tiene
consecuencias evidentes pero una fundamental para la cuestión que nos ocupa; se hace
imposible sostener, como ya hemos visto, la rigidez de la frontera entre lo literario y lo
filosófico. El razonar anhelante, el querer saber se levanta sobre cimientos poéticos,
creativos, sobre invenciones, sobre ilusión: nubes tejidas por poetas sostienen el gran y
pesado edificio del conocer. El conocer también vive de ilusiones, el filosofar nace del
poetizar..
De las ilusiones se vive con absoluta literalidad, y el manifestar nietzscheano no es sino
hacer conscientes esas ilusiones para sabernos mentirosos, poetas, en ocasiones malos y
demasiado mentirosos: poner encima de la mesa, una vez depuesto el optimismo
epistemológico ilustrado, la falsedad, la no verdad como condición del existir, la
necesidad de la metáfora para palpar la realidad. Este afirmar la mentira como vehículo
para la verdad existencial es recibido con enormes vítores por la legión de poetas
19
“Mi filosofía es un platonismo invertido: cuanto mas se aleja de la realidad verdadera, se torna más
pura, más bella y más buena. Vivir en la ilusión como el ideal” Crepúsculo de los ídolos, Alianza
Editorial, Madrid, 2000.
23
expulsados de la República y que hasta entonces seguían siendo poco más que
exaltadores irreflexivos de una belleza aséptica respecto al decir de la esencia de lo real,
de la vida. Después de aceptar la necesidad de la máscara para sobrepasar el desfiladero
tendido entre esencia y apariencia, después de que se manifieste la imposibilidad de
conciliación de ciencia y apariencia21, el poeta recupera la legitimidad epistemológica
perdida.
La reconfiguración de la máscara, el recobrar la máscara, se convierte en condición del
existir; aceptar lo ilusorio y con ello lo ilusionante, posibilita paradójicamente una
fidelidad a la tierra, una fidelidad a la embriagadora posesión del vivir, un amor fati del
que brota la lucidez del delirio, del entusiasmo poético, la voluntad de lo trágico, en
definitiva la desconfianza serena hacia lo trasmundano (y con ello a la verdad
epistemológica o religiosa trasmundana: Ideas o Dios)
Con todo ello, el buscar la verdad se transforma en el seno del pensamiento trágico en
un crearla y creerla con la inocencia, con la ingenuidad y la decisión irreflexiva de un
niño (frente a la violencia crítica del concepto)
La toma de conciencia de la falsedad, del fingimiento como condición del existir es un
proceso de liberación, un agarrarse impudoroso a las caderas calientes de la vida frente
al ascetismo platónico-cristiano-schopenhaueriano-romántico que supone una negación
del propio instinto a través de una moral de rebaño, de una creencia inconsciente,
acrítica y encadenante. La superación del ascetismo y de la esclavitud conceptual pasa
por crear, por crear ilusiones y valores, por llegar a ser lo que se es originariamente, por
afirmarnos en nuestro destino de animal enfermo que no puede dejar de querer lo que no
se puede, que no puede conciliar el hambre del conocer y el hambre del perseverar, el
querer saber y el querer existir, que no puede abandonar el amor a la verdad pero
tampoco el amor al misterio.
El perspectivismo nietzscheano está ligado a esta vuelta a la individualidad, a una
fidelidad a la heterogeneidad del ser, al interpretar, al leer el ser sin la restricción de la
univocidad eleática, un recrear y un recreer, un desvestir las cosas mismas y volver a su
desnudez recuperando la condición de náufrago, de peregrino, de ermitaño, de
caminante sin camino y sin rumbo marcado, una invitación a volver a asimilar el mundo
20
Véase a este respecto el tratamiento nietzscheano de esta temática en “Cómo el mundo verdadero acabó
convirtiéndose en una fábula” en Crepúsculo de los Ídolos. Madrid. Alianza. 2006. p57, así como en los
parágrafos 54, 88, 110, 343 y 347 de la Gaya Ciencia.
21
“El problema de la máscara es el problema de la relación entre el ser y la apariencia” VATTIMO, G, El
Sujeto y la máscara. Nietzsche y el problema de la liberación. Península. Barcelona. 2003.. p. 19
24
desnudo con la misma ingenuidad de los hombres de los primeros tiempos, que con su
estómago de águila zarathustriana comenzaron a ensimismarse y a crear eso que Ortega
llamó los mundos interiores.
La aceptación consciente de este enmascaramiento es la inauguración de una filosofía
del quizá que supone un enmascaramiento no decadente donde el arte triunfa sobre el
conocer desapasionado haciendo evidente su raíz instintiva. La metafísica sistemática,
hegeliana, perece y se hace poética con el surgimiento de la sabiduría salvaje, caminada,
vivida, creada y no buscada22.
El afirmarse en la vida, destino del Übermensch, pasa por afirmarse en la mentira, en
aceptar que sólo la mentira consciente dice verdad, que sólo el filósofo que devuelve la
legitimidad al hacer poético y artístico puede decir verdaderamente la verdad existencial
salvándonos de la existencia amítica del rebaño socrático-ilustrado.
Todo ello, el conocer como el trabajar con la metáfora favorita de uno, el crear la verdad
con una razón vital y poética pasa, además por un imponer la eternidad a la vida (en
feliz expresión juanramoniana) es decir, en hacer arte ocupando el sillón del demiurgo,
en crear mundos, en tornear nuestros vicios y virtudes, en nuestra condición de puente
entre el animal y el dios, entre el poeta y el filósofo:
El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, - una cuerda
sobre un abismo.
Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás,
un peligroso estremecerse y pararse.
La grandeza del hombre está en ser un puente v no una meta: lo que en el
hombre se puede amar que es un tránsito y un ocaso.23
La sabiduría salvaje zarathustriana no es otra que aquella que acepta el juego de
interfecundidad entre nuestros dos grandes hambres, entre el querer saber y el querer
existir, entre representación y voluntad, reformulados como los propios principios
apolíneos y dionisiacos de lo real, entre el querer conocer humano y el querer perseverar
animal. Es con todo ello que la voluntad de ilusión supone una celebración de una
redención mundana en el mundo de la apariencia, inaugurando un platonismo invertido
22
“El concepto de metafísica ya no puede significar una visión sistemática, totalitaria, en el sentido
hegeliano, de la realidad, una estructura donde la razón científica lo domine todo, hasta la propia
intimidad, y en donde sentido, abstracción y concepto determinen el logos, la palabra real. El concepto de
metafísica, de ontología, se hace más bien poética, un decir de la radicalidad del ser, de su temporalidad,
de su fragilidad, de su angustia y de su miedo” ROMERO DE SOLÍS,. D. Enoc. Sobre las raíces
filosóficas de la poesía contemporánea. Madrid. 2000. Akal. P.30.
23
AHZ p. 38
25
que hace de la ilusión el ideal, el símbolo de fidelidad a la voluntad, la celebración
trágica del animal fantástico.(que sabe que su representar es limitado, pictórico, siempre
evocador, nostálgico…)
El anhelo de verdad se manifiesta entonces una ilusión olvidada, una mentira de rebaño,
fruto de la fe absoluta en el lenguaje, una fe inconsciente que convierte el pensamiento
heredado en inviolable y que “hace suficiente crear nuevos nombres, nuevas
apreciaciones y verosimilitudes para crear a la larga nuevas cosas”24
El símbolo, el carácter metafórico, rítmico, musical del lenguaje impide decir el ser y
hace necesario crearlo, es decir, hacer arte para conocer, poetizar, creer. Todo ello
convierte a los pretendientes de la verdad en fantásticos animales mentirosos:
“¿El pretendiente de la verdad? ¿Tú? - así se burlaban ellas –
No! ¡Sólo un poeta!
Un animal, un animal astuto, rapaz, furtivo,
Que tiene que mentir,
Que, sabiéndolo, queriéndolo, tiene que mentir:
Ávido de presa,
Enmascarado bajo muchos colores,
Para sí mismo máscara,
Para sí mismo presa - ¿
Eso - el pretendiente de la verdad?
¡No! ¡Sólo loco! ¡Sólo poeta!
Sólo alguien que pronuncia discursos abigarrados,
Que abigarradamente grita desde máscaras de necio,
Que anda dando vueltas por engañosos puentes de palabras.
Por multicolores arcos iris,
Entre falsos cielos
Y falsas tierras,
Vagando, flotando, ¡Sólo loco! ¡Sólo poeta!
…Hostil a tales estatuas de la verdad,…
Son tus anhelos bajo miles de máscaras,…
24
NIETZSCHE, F, El Gay saber. Austral. Madrid. 1986. p. 107
26
…Sea yo desterrado
De toda verdad”25
El poeta recupera la legitimidad reflexiva, el pretendiente de la verdad es a fin de
cuentas un raposo que miente con la astucia del instinto para seguir en la cueva de la
vida, que miente conscientemente, quizá frente a los otros poetas que mienten
demasiado porque no saben que están mintiendo, porque sólo exaltan la belleza sin
profundidad reflexiva, sin la redención de la máscara, porque aún rezuman seriedad,
cordura, equilibrio.
El poeta, el creador de mitos que estaba subyugado al dominio de la ratio ahora sabe
bailar encadenado por la mentira, por la ilusión26, el poeta, indigno, amoral,
desvergonzado, risueño, alegre se redime en la tragedia, en la verdad existencial de la
ilusión que re-presenta, re-crea, diciendo como el niño de la tercera transformación del
espíritu:
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que
se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.27
Un sí claro a la voluntad de vida, al entusiasmo poético, a la manía poética, al ser sólo
un loco que acepta la ley agria del destino, que exhibe su inocencia de niño, una
inocencia sin la cual la vida se hace imposible, un recuperar la madurez del juego
infantil para la vida:
Madurez del hombre adulto: significa haber reencontrado la seriedad que de
niño se tenía al jugar.28
Una recuperación del enmascararse, de la ficción del ser sin autor:
¿Por qué el mundo que nos concierne en algo - no iba a ser una ficción? Y a
quien aquí pregunte: «¿es que de la ficción no forma parte un autor?», - ¿no
sería lícito responderle francamente: por qué?29
25
Compárese este poema con la versión que aparece en Ditirambos de Dioniso: Poesía completa.. Trotta.
Valladolid 1998. p. 57. El poema completo puede encontrarse en AHZ, p 404-7
26
Esta migración del sentido de la ilusión desde el engaño de la apariencia, desde lo ilusorio hasta la faz
positiva de la ilusión parece producirse como torsión significativa especialmente en castellano. (Véase al
respecto: Breve tratado de la ilusión. Julián Marías. Alianza. Madrid.2001.)
27
AHZ, p 55
27
“Somos mucho más artistas de lo que sabemos”
30
redescubriendo el hábito de la
mentira en que se funda la gran ilusión del conocer.
Con la ilusión el sueño se hace condición del existir frente a la “sabiduría del dormir sin
soñar” de los hombres del conocimiento, la embriaguez ensoñadora del poeta, espíritu
interior del filósofo del futuro, es la del hombre que ha despertado para soñar despierto
(Esta idea está especialmente presente en Pessoa tal como veremos)
Zarathustra despierta de un sueño para vivirlo en el mundo, para vivir esa eternidad, esa
profunda eternidad que los hombres quieren transmundana, en el mundo, para imponer
la eternidad a la vida, como dijimos, mediante el arte, mediante el crear y el creer la
ficción, la literatura de la vida.
“¡ El poeta que sabe mentir / a sabiendas, voluntariamente,/es el único que puede contar
la verdad”31 dice Federico Nietzsche, se hace necesaria la máscara para poder enunciar
lo profundo de lo superficial, de la apariencia. Sólo a través del velo del canto poético se
llega a la esencia huesuda de la verdad, sólo el sobrehombre, espíritu profundo, puede
decir la verdad enmascarado, haciendo evidente la imposibilidad de conciliación de
esencia y apariencia. Crear se convierte en el destino del sobrehombre, crear como base
de una sabiduría salvaje, vital, que nace de la ilusión, que vive de la ilusión hecha
consciente y alegre, de la razón, del sentido que hay en la demencia, en la locura de
amar la vida con una eterna inocencia.
El creador se convierte en un defensor del amor fati, su mentira es lúcida, su inventar
apasionado, en él mentir es sinónimo de crear y de creer, de vivir, la voluntad creadora,
la voluntad de engendrar se erige contra la voluntad de verdad reclamando la necesidad
de la ilusión, de la inocencia en el conocer. La aceptación de la voluntad de ilusión
supone una superación de la supeditación del arte a la moralidad y la verdad.
La voluntad de verdad oculta una belleza y una bondad maniatadas, una subyugación
del instinto estético y una imposición dominante de una moral de rebaño donde no es
posible una liberación individual, ser el que se es, vivir sin miedo a nuestra fantástica
animalidad. Es por ello que el hombre bueno no puede decir la verdad.
28
AHZ, 104
MBM, 64
30
“Todo esto quiere decir: de raíz, desde antiguo, estamos - habituados a mentir. O para expresarlo de modo más
29
virtuoso e hipócrita, en suma, más agradable: somos mucho más artistas de lo que sabemos” mbm p 133
31
NIETZSCHE, F, Poesía Completa. Trotta.2000. P.146
28
Zarathustra y los demás poetas que tienen que mentir para decir la verdad de la tierra,
que tienen que ser todavía poetas desvelan el desprecio vital de la voluntad de verdad,
su desprecio por la ensoñación, es hora, dicen los creadores, de que los hombres del
conocimiento puedan dedicarse a soñar lo que hasta entonces sólo podían soñar los
poetas.
Es hora, dicen los creadores, de identificar la sabiduría con la vida, y quizá hacer del
saber un saborear, un bailar, un reír, quizá un beber, un vivir, un parir, tres verbos que
podrían simbolizar bien el espíritu zarathustriano y que pueden encontrar su
correspondencia filosófica en : Embriagarse es soñar despierto: necesidad de la voluntad
de ilusión, voluntad de vivir, voluntad de engendrar, de crear vs. voluntad de verdad:
“volver pensable todo lo que existe” .
Así esta belleza inconquistable por la voluntad violenta de los otros poetas que mienten
demasiado: los idealistas por el someter la realidad al yugo conceptual, se deja decir
mediante el velo de la apariencia, de la ilusión. El mero lirismo romántico, neoclásico
no se ha instalado en la redención de lo trágico y la belleza persiste como embriagadora
pero no adormecedora del dolor del vivir. Es una belleza vivida, que sueña despierta,
creada en la ficción de la ficción.
Sin la inocencia, pues, no es posible la voluntad de engendrar que vive el río del
devenir, la heterogeneidad del ser, sin todo ello no es posible “una imagen que no se
quede sólo en imagen”, que diga, que explicite una verdad, “que piense con
profundidad” .
El mundo nuevo en la tierra que proclama Zarathustra es aquél donde todo gira en torno
de los creadores, creadores también de valores, más allá de verdad, bien y mal, haciendo
evidente la ilusión consciente de la que nacen.
Los filósofos de este mundo nuevo son filósofos del quizá, de lo posible, que añaden ser
al ser, que crean en el río del vivir, que se han desecho de la problemática “del mundo
real y del mundo aparente” identificando los dos y haciendo explícita “la no verdad
como condición de la vida”, la mentira, la ilusión, la poesía, como necesidad del vivir.
La cuestión para estos nuevos filósofos del quizá no será la falsedad del juicio, sino la
verdad vital que encierra, el hasta qué punto favorece, conserva la vida, nos hunde en el
barro cálido del mundo.
La verdad no será ya la autenticidad ontológica, sino la autenticidad vital, la mayor
verdad será aquella creencia que nos permite celebrar la tragedia de la existencia con el
29
amor a la vida más incondicional, más irracional, más ebrio, la mayor verdad filosófica
será la mayor verdad poética. La mayor verdad será la mayor mentira.
La óptica perspectivista se hace necesaria, se rompe la cuerda antitética que separaba la
voluntad de verdad y la voluntad de ilusión, de engendrar, de creer y con ello las
fronteras entre las regiones australes de los filósofos y los poetas.
De esta manera la verdad se levanta de la ilusión, de la mentira, y la filosofía de la
poesía, la certeza de la ilusión, los conceptos, incluyendo los conceptos puros esenciales
de la dialéctica filosófica. Éstos no son más que invenciones de nuestra mitología. El
sobrehombre será un creador, una criatura que crea: - mitos32 que favorezcan la vida y
que nos aparten de la enfermedad de “sufrir por amor a la verdad”, de “reducir la
filosofía a teoría del conocimiento” Con todo ello la inocencia se hace indispensable
para pensar.
La mentira, la ilusión es el núcleo de una nueva filosofía, una sabiduría salvaje, poética,
creadora, artística que nos salva de la existencia amítica de los hombres del conocer y
hace del consciente delirio artístico un saludable error vital. La ilusión se convierte en
alimento primero de nuestra hambre.
El arte, sólo el arte, y su ilusión fundadora y originaria posibilita la vida, posibilita
seguir amando la vida, posibilita refundar míticamente la existencia.
32
Será este el deseo más esencial de Pessoa, convertirse en un creador de mitos.
30
IV. La voluntad de ilusión como esencia del ideal
literario pessoano.
Fernando Pessoa es encarnación rotunda de esa voluntad de ilusión como condición del
exsitir que asume el instinto literario como biológico, su animalidad fantástica, que se
sabe pensamiento trágico, que conjuga el pensar y el poetizar, que rompe las fronteras
tradicionales entre Filosofía y Poesía, que se redime en la apariencia, en la mentira
literaria, que acepta alegremente la tragedia de tener que fingir para decir la verdad y
conquistar lo imposible.
Mi propósito aquí ha sido enraizar esta intuición dentro del contexto de una concepción
biológica de la literatura que a su vez está inscrita dentro del pensamiento trágico, de la
pugna y posterior integración de Filosofia y Poesía. Junto a Friedrich Nietzsche es
Fernando Pessoa otra de las encarnaciones más rotundas de esta intuición. Intuición que
también recorre buena parte de Oscar Wilde especialmente en sus ensayos “La
decadencia de la Mentira” y “La verdad de las máscaras”. Wilde acepta que la mentira
es el propósito legítimo del arte, que la poesía es el mismo arte que la mentira, que la
mala poesía deriva de las emociones sinceras, evidenciando que la verdad en el arte está
enmascarada bajo el fingimiento:
“…Porque en materia de arte no existe tal cosa como una verdad universal. En el
arte, una verdad es aquella cuya contradicción es igualmente cierta. Y así como sólo
en la crítica de arte, y a través de ella, podemos aprehender la teoría platónica de las
ideas, así también en la crítica de arte y sólo a través de ella, podemos entender el
sistema hegeliano de los opuestos. Las verdades de la metafísica son las verdades
de las máscaras.”33
Pessoa podría haber suscrito todas estas afirmaciones de Wilde y de los demás autores
mencionados y la selección de textos que aquí se presenta pretende mostrarlo.
Desde el punto de vista de la esencialidad biológica del instinto literario Pessoa es muy
claro hay escritores, hombres, animales humanos que escriben por naturaleza y para los
que escribir es objetivar sueños (ver texto 11), para los que soñar es un deber biológico,
innato, para los que falsificar, proyectar sombras es algo tan biológico como el aroma de
una flor, el color del cielo, o la ola de un océano (ver texto 23).
33
WILDE, O, De profundis y otros ensayos, Losada, Buenos Aires, 2002 “La verdad de las Máscaras”, p
311
31
Así matar la capacidad de la ensoñación sería matarnos, acabar con lo que tenemos de
realmente nuestro, específico, propio de nuestra animalidad (ver texto 46). Al igual que
Vico imagina a los primeros hombres aún sin un pensamiento abstracto pensando
mediante símbolos, mediante imágenes, mediante metáforas.
La primera esencia literaria es para con Nosotros mismos, porque “narrar es crear” y
nosotros al vivir nos convertimos en narradores de nuestra propia vida, la primera
ficción literaria media con nosotros mismos en cuanto nos narramos a nosotros mismos
existencialmente (ver texto 9).
Las ficciones median en nuestra forma de representar y de vivir en el mundo y dentro de
los tres grandes tipos de ficciones, religioso-metafísicas, morales y estéticas, son las
últimas las que nos “guían en nuestras relaciones con nosotros mismos” (ver texto 50)
La ficción, la mentira, media para la vida: “Fingimos y soñamos para poder vivir” nos
dice con claridad António Mora. (ver texto 51) El arte, la literatura, es un error, pero un
error útil para la vida (ver texto 52).
Es por ello por lo que el ideal literario pessoano es el tender hacia lo literario como “el
fin de todo esfuerzo humano” Esta tendencia hacia lo literario que salva la vida es
identificación esencial en Pessoa compartida con Nietzsche y con Wilde. El fin del arte
es el arte porque conserva la vida. Soñar se convierte en una misión y crear mundos, “
crear un mundo falso” es un instinto que aparece en Pessoa y en las “pessoas”
(personas-máscaras) en la Infancia vivida. Pessoa reconoce como instinto que nace en la
Infancia en instinto artístico, la propensión innata hacia la mentira artística. (ver textos
3,4, 5, 41, 43)
El alimento literario, alimento sin el cual no es posible calmar nuestro hambre de animal
fantástico, es el sueño. Soñar es vivir y vivir es poetizar, poetizar es crear y crear es
objetivar los sueños. La literatura así (ver texto 43) es para Pessoa el perfeccionamiento
subjetivo de la vida añdiendole ser, añadiendo lo imposible, acercando la otredad a la
realidad. El mundo se aumenta con la ficción, el Teatro del mundo queda convertido en
el lugar donde Todo es sueño, donde Todo es ilusión, donde Todo es teatro y máscara,
donde la frontera entre esencia y apariencia se rompe para vivir de las ilusiones, de las
mentiras creadas.
Esta aceptación de la realidad como una forma de ilusión (ver texto 2) que nace de lo
que hemos denominado de la mano de Nietzsche como la “inversión del platonismo”,
“vivir en la ilusión como el ideal” se encarna en Pessoa con fuerza extrema. Esta
estética tan enraizada en el irracionalismo filosófico del siglo XIX nace frente a la
32
estética aristotélica para sustituir lo probable y lo verosímil por lo imposible y lo
impensable (ver texto 7). Pessoa es por todo ello consciente de la distinción falsa y
artificial entre lo verdadero y lo falso (ver texto 8) (Esta intuición tan profundamente
nietzscheana y tan brillamentemente expuesta por el pensador en Sobre Verdad y
Mentira en sentido extramoral) El poeta se regocija frente a los pretendientes de la
verdad, frente a los guardianes de la República platónica de vivir en las sombras, en las
ilusiones, en las mentiras, de ser pobladores de sueños, de ser ellos mismos sombras
errando a través de los bosques de las ideas, las morales y las filosofías (ver texto 10).
Pessoa es por ello también un defensor de la inmoralidad del arte, de su desvinculación
definitiva del hambre de verdad y del orden moral. El deber de soñar, de ser artista, de
crear, de mentir, es el deber biológico de ser animales fantásticos. La mentira nace de la
voluntad de ilusión como lenguaje del alma (ver texto 13).
Hacer de la vida un sueño pasa por hacer consciente el sueño de la vida, por vivir, como
dice Ortega con rotundidad poética “embriagarse es soñar despierto”. Pessoa siempre
sueña despierto tanto que incluso no sabe dormir y no puede dormir. (ver texto 17)
Somos lo que soñamos, somos lo que sentimos, somos nuestras máscaras que ya no
podemos retirarnos del rostro tal como le ocurre a Álvaro de Campos en Tabacaria
“Quando quis tirar a máscara/ Estava pegada à cara.” Por todo ello Pessoa confiesa que
no se siente nunca tan próximo a la verdad como cuando está ante un espectáculo
circense (ver texto 18) Allí siente que todo es teatro, allí siente resonando las palabras
de Nietzsche “Todo lo que es profundo ama la máscara”.
Pessoa sabe también como pensador trágico que la razón es otra forma de soñar que ha
olvidado su origen fantástico (ver texto 20). Pessoa es por ello un reprsentante
encarnado de la Crisis filosófica de la Modernidad donde el instinto poética y filosófico
y su pugna antigua (como vimos) cristalizan en su pensamiento poético, en su condición
de aceptación alegre de lo trágico: hay sueños imposibles.
“La mejor manera de comenzar a soñar es mediante libros” Soñar es un acto literario
como el imaginar que inaugura nuestra especie pero el acto verdaderamente supremo
del sueño, de la ensoñación literaria es hacer del mundo una novela de la que soy
protagonista (ver texto 21 y 38) El famoso “drama en gente” pessoano, el convertir un
hombre sólo en toda una literatura como denuncia de una época amítica y aliteraria, el
convertirse en una mitología, en una pluralidad de personajes vivido y sentidos de todas
las maneras es el acto supremo que sólo un rey decidido de la ensoñación puede
perpetrar. La heteronimia es su gran ilusión, su gran sueño, el de ser creador de
33
creadores, que hace evidente que la voluntad de ilusión es condición de la existencia, la
“necesidad de la ilusión” (ver texto 53) que “la ilusión es la madre de la vida” (ver texto
31), que “ el error es condición de nuestra vida” (ver texto 29) Creador de creadores,
“Dios soy yo” dice Pessoa tras la piel de Soares (Obsérvese la similitud de este
posicionamiento con el Creacionismo) Pessoa se convierte en un creador de mitos, en
un refundador de una nueva existencia mítica que recupera los instintos biológicos hasta
entonces subyugados en la búsqueda trasmundana de las esencias de lo bello, lo bueno y
lo verdadero, que hace consciente el sueño de la razón y se pregunta desde su más
temprana juventud aún repleta de amor a la verdad por cómo de falsa es la verdad (ver
texto 24).
El gran peligro de la entrega absoluta a la ensoñación literaria, que está presente en
Pessoa en extremo, es el “dolor del tener que despertar” (ver texto 30). El gran peligro
es abandonar la vida por el amor desmesurado a la ensoñación, perder el equilibrio de la
manía poética, de la locura, del delirio inspirado del poeta (ver texto 26) y hacer de los
sueños su única vida (ver texto 33) Este riesgo, el del sueño como la peor de las drogas
(ver texto 44) que te embriaga sin estar despierto, que se convierte en tiranía y no en
refugio (ver texto 54) está también en Pessoa bajo la fina piel de su obsesión sobre la
proximidad entre la genialidad y la locura, que podría ser otra forma de conceptualizar
la proximidad y el equilibrio entre razón y pasión entre filosofía y poesía, pugna que
como vimos, está presente de forma indiscutible en la esencia de esta intuición
compartida por Pessoa con los autores de la tradición literaria y filosófica.
A modo de conclusión breve
Hay cuatro grandes tipos de hombres. Los que leen literatura, los que crean literatura,
los que son literatura y los que son y crean literatura en una identificación total de la
misma. Esta última es la más superior de las razas, la de personajes literarios que
escriben su vida y la de los demás, con la naturalidad de un albañil o de un zorro
haciendo una casa o una madriguera, imponiendo sus sueños a los demás para soñar
juntos el mundo de lo otro (ver texto 45).
A esta raza pertenece sin duda Fernando Pessoa.
34
V. Selección de textos
Bernardo Soares
Livro do Desassossego
1
A literatura que é a arte casada com o pensamento e a realização sem a mácula da realidade, parece-me
ser o fim para que deveria tender todo o esforço humano, se fosse verdadeiramente humano, e não uma
superfluidade do animal.
[Livro do Desassossego. A&A, 2006, p 55]
2
Reconhocer a realidade como una forma de ilusão, e a ilusão como una forma da realidade, é igualmente
necesario e igualmente inútil.
[Ldo D p. 108]
3
Eu nunca fiz senão sonhar. Tem sido esse, e esse apenas, o sentido da minha vida. Nunca tive outra
preocupação verdadeira senão a minha vida interior. As maiores dores da minha vida esbatem-se-me
quando, abrindo a janela para dentro de mim pude esquecer-me na visão do seu movimento.
Nunca pretendi ser senão um sonhador. A quem me falou de viver nunca prestei atenção. Pertenci sempre
ao que não está onde estou e ao que nunca pude ser. Tudo o que não é meu, por baixo que seja, teve
sempre poesia para mim. Nunca amei senão coisa nenhuma. Nunca desejei senão o que nem podia
imaginar. À vida nunca pedi senão que passasse por mim sem que eu a sentisse. Do amor apenas exigi
que nunca deixasse de ser um sonho longínquo. Nas minhas próprias paisagens interiores, irreais todas
elas, foi sempre o longínquo que me atraiu, e os aquedutos que se esfumam — quase na distância das
minhas paisagens sonhadas, tinham uma doçura de sonho em relação às outras partes de paisagem — uma
doçura que fazia com que eu as pudesse amar.
A minha mania de criar um mundo falso acompanha-me ainda, e só na minha morte me abandonará.
[L do D p. 110]
4
Tenho sonhado muito. Estou cansado de ter sonhado, porém não cansado de sonhar. De sonhar ninguém
se cansa, porque sonhar é esquecer, e esquecer não pesa e é um sono sem sonhos em que estamos
dispersos. Em sonhos consegui tudo. Também tenho despertado, mas que importa? Quantos Césares fui!
E os gloriosos, que mesquinhos! César, salvo da morte pela generosidade de um pirata, manda crucificar
esse pirata logo que, procurando-o bem, o consegue prender. Napoleão, fazendo seu testamento em
Santa&Helena, deixa um legado a um facínora que tentara assassinar a Wellington. Ó grandezas iguais às
da alma vizinha vesga! Ó grandes homens da cozinheira de outro mundo! Quantos Césares fui, e, sonho
todavia ser.
Quantos Césares fui, mas não dos reais. Fui verdadeiramente imperial enquanto sonhei, e por isso nunca
fui nada. Os meus exércitos foram derrotados, mas a derrota foi fofa, e ninguém morreu. Não perdi
bandeiras. Não sonhei até ao ponto do exército, onde elas aparecessem ao meu olhar em cujo sonho há
esquina. Quantos Césares fui, aqui mesmo, na Rua dos Douradores. E os Césares que fui vivem ainda na
minha imaginação; mas os Césares que foram estão mortos, e a Rua dos Douradores, isto é, a Realidade,
não os pode conhecer.
[L do D p. 120]
5
Penso às vezes no belo que seria poder, unificando os meus sonhos, criar-me uma vida contínua,
sucedendo-se, dentro do decorrer de dias inteiros, com convivas imaginários com gente criada, e ir
vivendo, sofrendo, gozando essa vida falsa. Ali me aconteceriam desgraças; grandes alegrias ali cairiam
35
sobre mim. E nada de mim seria real. Mas teria tudo uma lógica soberba, sua; seria tudo segundo um
ritmo de voluptuosa falsidade, passando tudo numa cidade feita da alma, perdida até [ao] cais à beira de
um comboio calmo, muito longe dentro de mim, muito longe...E tudo nítido, inevitável, como na vida
exterior, mas estética de Norte a Sul
[L do D p. 127]
6
Somos todos miopes, excepto para dentro. Só o sonho vê com o olhar
[L do D p. 132]
7
"Tenho mais pena dos que sonham o provável, o legítimo e o próximo, do que dos que devaneiam sobre o
longínquo e o estranho. Os que sonham qrandemente, ou são doidos e acreditam no que sonham e são
felizes, ou são devaneadores simples, para quem o devaneio é uma música da alma, que os embala sem
lhes dizer nada. Mas o que sonha o possível tem a possibilidade real da verdadeira desilusão. Não me
pode pesar muito o ter deixado de ser imperador romano, mas pode doer-me o nunca ter sequer falado à
costureira que, cerca das nove horas, volta sempre à esquina da direita. O sonho que nos promete o
impossível já nisso nos priva dele, mas o sonho que nos promete o possível intromete-se com a própria
vida e delega nela a sua solução. Um vive exclusivo e independente; o outro submisso das contingências
do que acontece.
Por isso amo as paisagens impossíveis e as grandes áreas desertas dos plainos onde nunca estarei. As
épocas históricas passadas são de pura maravilha, pois desde logo não posso supor que se relizarão
comigo. Durmo quando sonho o que não há; vou despertar quando sonho o que pode haver."
[L do D p. 146]
8
Por que esponho eu de vez en quando processos contradictórios e inconciliáveis de sonhar e aprender a
sonhar? Porque, probablemente, tanto me habituei a sentir o falso como verdadeiro, o sonhado tão
nitidamente como o visto, que perdi a distinção humana, falsa, creio, entre a verdade e a mentira.
[L do D p. 158]
9
A experiencia directa é o subterfugio, ou o escondrijo, daqueles que são desprovidos da imaginação.
Lendo os riscos que correu o caçador de tigres tenho quanto de riscos valeu a pena ter, salvo [o] do
mesmo risco, que tanto não valeu a pena ter, que passou.
Os homens de acção são os esclavos involuntáios dos homens de entendimento. As coisas não valem
senão na interpretação delas. Uns, pois, criam coisas, para que os outros, trasmutando-as em significação,
as tornem vidas. Narrar é criar, pois viver é apenas ser vivido.
[L do D p.163 ]
10
Povoamos sonhos, somos sombras errando a través de florestas impossíveis, em que as árvores são casas,
costumes, ideias, ideais e filosofias.
[L do D p. 174]
11
O único destino nobre de um escritor que se publica é não ter uma celebridade que mereça. Mas o
verdadeiro destino nobre é o do escritor que não se publica. Não digo que não escreva, porque esse não é
escritor. Digo do que por natureza escreve, e por condição espiritual não oferece o que escreve.
Escrever é objetivar sonhos, é criar um mundo exterior para prémio evidente da nossa índole de criadores.
Publicar é dar esse mundo exterior aos outros; mas para quê, se o mundo exterior comun a nós e a eles é o
“mundo exterior” real, o da matéria, o mundo visible e tangible? Que têm os outros com o universo que
há em mim?
36
[L do D p.199]
12
Tenho uma espécie de dever de sonhar sempre, pois, não sendo mais, nem querendo ser mais, que um
espectador de mim mesmo, tenho que ter o melhor espetáculo que posso. Assim me construo a ouro e
sedas, em salas supostas, palco falso, cenário antigo, sonho criado entre jogos de luzes brandas e músicas
invisíveis.
[L do D p.205 ]
13
Menti? Não, compreendi. Que a mentira, salvo a que é infantil e espôntanea, e nasce da vontade de estar a
sonhar, é tão-somente a noção da existência real dos outros e da necessidade de conformar a essa
existência a nossa, que se não pode conformar a ela.
A mentira é simplesmente a linguagem ideal da alma, pois, assim como nos servimos de palavras, que são
sons articulados de uma maneira absurda, para em linguagem real traduzir os mais íntimos e subtis
movimentos da emoção e do pensamento, que as palavras forçosamente não poderão nunca traduzir,
assim nos servimos da mentira e da ficção para nos entendermos uns aos outros, o que, com a verdade,
própria e intransmissível, se nunca poderia fazer.
A arte mente porque é social. E há só duas grandes formas de arte - uma que se dirige à nossa alma
profunda, a outra que se dirige à nossa alma atenta.
A primeira é a poesia, o romance a segunda. A primeira começa a mentir na própria estrutura; a segunda
começa a mentir na própria intenção. Uma pretende dar-nos a verdade por meio de linhas variadamente
regradas, que mentem à inerência da fala; outra pretende dar-nos a verdade por uma realidade que todos
sabemos bem que nunca houve.
Fingir é amar. Nem vejo nunca um lindo sorriso ou um olhar significativo que não medite, de repente, e
seja de quem for o olhar ou o sorriso, qual é, no fundo da alma em cujo rosto se sorri ou olha, o estadista
que nos quer comprar ou a prostituta que quer que a compremos. Mas o estadista que nos compra amou,
ao menos, o comprar-nos; e a prostituta, a quem compremos, amou, ao menos, o comprarmo-la. Não
fingimos, por mais que queiramos, à fraternidade universal. Amamo-nos todos uns aos outros, e a mentira
é o beijo que trocamos.
[L do D p. 232-233]
14
Estou quase convencido de que nunca estou desperto. Não sei se não sonho quando vivo, se não vivo
quando sonho, ou se o sonho e a vida não são em mim coisas mistas, interseccionadas, de que meu ser
consciente se forme por interpenetração.
[L do D p. 248]
15
Como todo o sonhador, senti sempre que o meu mister era criar
[L do D p. 263]
16
De resto eu não sonho, eu não vivo; sonho a vida real. Todas as naus são naus logo que esteja em nós o
poder de as sonhar. O que mata o sonhador é não viver quando sonha; o que fere o agente é não sonhar
quando vive. Eu fundi numa cor una de felicidade a beleza do sonho e a realidade da vida. Por mais que
possuamos um sonho nunca se possui um sonho tanto como se possui o lenço que se tem na algibeira, ou,
se quisermos, como se possui a nossa própria carne. Por mais que se viva a vida em plena, desmesurada e
triunfante acção, nunca desaparecem o [ ] contato com os outros, o tropeçar em obstáculos, ainda que
mínimos, o sentir o tempo decorrer.
37
Matar o sonho é matarmo-nos. É mutilar a nossa alma.O sonho é o que temos de realmente nosso, de
impenetravelmente e inexpugnavelmente nosso. O Universo, a Vida – seja isso real ou ilusão – é de
todos, todos podem ver o que eu vejo, e possuir o que eu possuo – ou, pelo menos, pode conceber-se
vendo-o e possuindo e isso é [ ]
Mas o que eu sonho ninguém pode ver senão eu, ninguém a não ser eu possuir. E se do mundo exterior o
meu vê-lo difere de como outros o vêem, isso vem de que do sonho meu eu ponho em vê-lo, sem querer,
do que do sonho meu se cola a meus olhos e ouvidos.
[L do D p. 276-277]
17
Nunca durmo: vivo e sonho, ou, antes, sonho em vida e a dormir, que também é vida. Não há interrupção
em minha consciencia: sinto o que me cerca se não durmo ainda , ou se não durmo bem; entro logo a
sonhar desde que deveras durmo.Assim o que sou é um perpétuo desenrolamento de imagens, conexas ou
desconexas, fingindo sempre de exteriores,umas postas entre os homens e a luz se estou desperto,outras
postas entre os fantasmas e a sem-luz que se ve, se estou dormindo. Verdadeiramente, não sei como
distinguir uma coisa da outra,nem ouso afirmar se não durmo quando estou desperto, se não estou a
despertar quando durmo.
[L do D p. 287]
18
Só o que sonhamos é o que verdaideramente somos, porque o mais, por estar realizado, pertenece ao
mundo e a toda a gente. Se realizasse algum sonho, teria ciumes dele, pois me haveria traído como o terse deixado realizar. Realizei tudo quanto quis, diz o débil, e é mentira; a verdade é que sonhou
proféticamente tudo quanto a vida realizou dele. Nada realizamos. A vida atira-nos como una pedra, e nós
vamos dizendo no ar, “Aqui me voy mexendo” […]Por isso nunca me sinto tão próximo da verdade, tão
sensivelmente iniciado, como quando nas raras vezes que vou ao teatro ou ao circo: sei então que estou
assistindo à perfeita figuração da vida. E os actores e actrizes, os palhaços e os prestigitadores são coisas
importantes e fúteis, como o sol e a lua, o amor e a morte, a peste, a fome, a guerra, na humanidade. Tudo
é teatro. Ah, quero a verdade? Vou continuar o romance...
[L do D p. 291]
19
Talvez porque eu pense de mais ou sonhe de mais, o certo é que não distingo entre a realidade que existe
e o sonho, que é a realidade que não existe. e assim intercalo nas minhas meditações do céu e da terra
coisas que não brilham de sol ou se pisam com pés - maravilhas fluidas da imaginação.
Douro-me de poentes supostos, mas o suposto é vivo na suposição.Alegro-me de brisas imaginárias, mas
o imaginário vive quando se imagina. Tenho alma por hipóteses várias, mas essas hipóteses têm alma
própria, e me dão portanto a que têm.
Não há problema senão o da realidade, e esse é insolúvel e vivo. que sei eu da diferença entre uma árvore
e um sonho? posso tocar na árvore; sei que tenho o sonho. Que é isto, na sua verdade?
Que é isto? sou eu que, sozinho no escritório deserto, posso viver imaginando sem desvantagem da
inteligência. Não sofro interrupção de pensar das carteiras abandonadas e da secção de remessas só com
papel e cordéis em rolos. Estou, não no meu banco alto, mas recostado, por umapromoção por fazer, na
cadeira de braços redondos do moreira. Tal vez seja a influência do lugar que me unge de distraído. Os
dias de grandecalor fazem sono; durmo sem dormir por falta de energia. E por issopenso assim.
[L do D p. 309]
20
E assim como sonho, raciocino se quiser, porque isso é apenas uma outra espécie de sonho.
[L do D p. 320]
38
21
A melhor maneira de começar a sonhar é mediante livros. os romances servem de muito para o
principiante. Aprender a entregar-se totalmente à leitura, a viver absolutamente com as personagens de
um romance, eis o primeiro passo. Que a nossa família e as suas mágoas nos pareçam chilrase nojentas ao
lado dessas, eis o sinal do progresso.
É preciso evitar o ler romances literários onde a atenção seja desviada para a forma do romance. não
tenho vergonha em confessar que assim comecei. É curioso mas os romances policiais, os é que por uma
intuição eu lia. Nunca pude ler romances amorosos detidamente. Mas isso é uma questão pessoal, por não
ter feitio de amoroso, nem mesmo em sonhos. Cada qual cultive, porém, o feitio que tiver. Recordemonos sempre de que sonhar é procurarmo-nos. O sensual deverá, para suas leituras, escolher as opostas às
que foram as minhas.
Quando a sensação fisica chega, pode dizer-se que o sonhador passou além do primeiro grau do sonho.
Isto é, quando um romance sobre combates, fugas, batalhas, nos deixa o corpo realmente moído, as pernas
cansadas... o primeiro grau está assegurado. No caso do sensual, deverá ele - sem receber a imagem mais
que mentalmente - ter uma ejaculação quando um momento desses chegar no romance.
Depois procurará trazer tudo isso para mental. A ejaculação, no caso do sensual (que escolho para
exemplo, porque é o mais violento e frisante) deverá ser sentida sem se ter dado. O cansaço será muito
maior, mas o prazer é completamente mais intenso.
No terceiro grau passa toda a sensação a ser mental. Aumenta o prazer e aumenta o cansaço, mas o corpo
já nada sente, e em vez dos membros lassos, a inteligência, a vida e a emoção é que ficam bambos e
frouxos...chegando aqui é tempo de passar para o grau supremo do sonho.
O segundo grau é o construir romances para si próprio. Só deve tentar-seisto quando está perfeitamente
mentalizado o sonho, como antes disse. Senão, o esforço inicial em criar os romances, perturbará a
perfeitamentalização do gozo.
Terceiro grau.
Já educada a imaginação, basta querer, e ela se encarregará de construiros sonhos por si.
Já aqui o cansaço é quase nulo, mesmo mental. Há uma dissoluçãoabsoluta da personalidade. Somos mera
cinza, dotada de alma, sem forma- nem mesmo a da água que é a da vasilha que a contém.
Bem aprontada esta [ ], dramas podem aparecer em nós, verso a verso, desenrolando-se alheios e
perfeitos. Talvez já não haja a força de os escrevermos... nem isso será preciso. Poderemos criar em
segunda mão -imaginar em nós um poeta a escrever, e ele escrevendo de uma maneira,outro poeta
entretanto escreverá de outra... eu, em virtude de ter apurado imenso esta faculdade, posso escrever de
inúmeras maneiras diversas, originais todas.
O mais alto grau do sonho é quando, criado um quadro com personagens, vivemos todas elas ao mesmo
tempo - somos todas essas almas conjunta e interactivamente. e incrível o grau de despersonalização e
encinzamento do espírito a que isto leva e é difícil, confesso-o, fugir a um cansaço geral de todo o ser ao
fazê-lo... mas o triunfo é tal!
Este é o único ascetismo final. Não há nele fé, nem um deus.
Deus sou eu.
[L do D p. 405-7]
22
O meu destino natural de contemplador indefinido e apaixonado das aparências e da manifestação das
coisas - objectivista dos sonhos,amante visual das formas e dos aspectos da natureza [ ]
[L do D p. 429]
Charles Robert Anon
23
Holiness, consider my sin. I thought of my mother, whom I had lost in early childhood, and whom, oh
God!, I shall never forget. And I imagined unto myself (…)
They meant all well; yet they might have left the dream to the dreamer, as they would leave to the bird its
young. My dream is to me as the scent is to the flower, as the color is to the sky, as the wave [?] of the
ocean is to the ocean.
39
s.d.
[Pessoa Inédito. Fernando Pessoa.. Lisboa: Livros Horizonte, 1993. p.159]
Alexander Search
24
19-6-1907
MANIA OF DOUBT
All things unto me are queries
That from normalness depart,
And their ceaseless asking wearies
My heart.
Things are and seem, and nothing bears
The secret of the life it wears.
All thing’s presence e’er is asking
Questions of disturbing pain
With dreadful hesitation tasking
My brain
How false is truth? How much doth seem
Since dreams are all and all’s a dream.
Before mystery my will faileth
Torn with war within the mind,
And Reason like a coward quaileth
To find
More than themselves all things reveal
Yet that they with themselves conceal.
[Pessoa Inédito. Fernando Pessoa.. Lisboa: Livros Horizonte, 1993. p.173/ Poesia-Alexander Search A &
A, p 117]
25
EPIGRAM
«I love my dreams», I said, a winter morn,
To the practical man, and he, in scorn
Replied: «I am no slave of the Ideal,
But, as all men of sense, I love the Real.»
Poor fool, mistaking all that is and seems!
I love the real when I love my dreams.
s/d
[Pessoa Inédito. Fernando Pessoa. . Lisboa: Livros Horizonte, 1993. p.182/ Poesia-Alexander Search A &
A, p 292]
26
A inpiraçao poetica é um delirio equilibrado mas sempre um delirio.
[Aforismos e afins. A & A. 2005, p 60]
40
Poesía ortónima
27
12-1924
Põe-me as mãos nos ombros...
Beija-me na fronte...
Minha vida é escombros,
A minha alma insonte.
Eu não sei por quê,
Meu desde onde venho,
Sou o ser que vê,
E vê tudo estranho.
Põe a tua mão
Sobre o meu cabelo...
Tudo é ilusão.
Sonhar é sabê-lo.
[Obra Poética de F.P. Europa-America, T. I, p. 182]
28
28-8-1927
Não venhas sentar-te à minha frente, nema o meu lado
Não venhas falar, nem sorrir.
Estou cansado de tudo, estou cansado,
Quero só dormir.
Dormir até acordado, sonhando
Ou até sem sonhar,
Mas envolto num vago abandono brando
A não ter que pensar.
Nunca soube querer, nunca soube sentir, até
Pensar não foi certo em mim.
Deitei fora entre urtigas o que era a minha fé,
Escrevi numa página em branco, "Fim".
As princesas incógnitas ficaram desconhecidas,
Os tronos prometidos não tiveram carpinteiro.
Acumulei em mim um milhão difuso de vidas,
Mas nunca encontrei parceiro.
Por isso, se vieres, não te sentes a meu lado, nem fales.
Só quero dormir, uma morte que seja
Uma coisa que me não rale nem com que tu te rales Que ninguém deseja nem não deseja.
Pus o meu Deus no prego. Embrulhei em papel pardo
As esperanças e ambições que tive,
E hoje sou apenas um suicídio tardo,
Um desejo de dormir que ainda vive.
Mas dormir a valer, sem dignificação nenhuma,
Como um barco abandonado,
Que naufraga sozinho entre as trevas e a bruma
Sem se lhe saber o passado.
41
E o comandante do navio que segue deveras
Entrevê na distância do mar
fim do último representante das galeras,
Que não sabia nadar.
[Obra Poética de F.P. Europa-America, T. I, p. 192]
29
Por que pois buscar
Sistemas vãos de vãs filosofias,
Religiões, seitas, (voz de pensadores),
Se o erro é condição da nossa vida,
A única certeza da existência?
Assim cheguei a isto: tudo é erro,
Da verdade há apenas uma idéia
A qual não corresponde realidade.
Crer é morrer; pensar é duvidar;
A crença é o sono e o sonho do intelecto
Cansado, exausto, que a sonhar obtém
Efeitos lúcidos do engano fácil
Que antepôs a si mesmo, mais sentido,
Mais (visto) que o usual do seu pensar.
A fé é isto: o pensamento
A querer enganar-se eternamente
Fraco no engano, (e assim) no desengano;
Quer na ilusão, quer na desilusão.
[“O horror de contecer”. Primer Fausto]
30
3-3-1928
Basta ser breve e transitória a vida
Para ser sonho. A mim, como a quem sonha,
E obscuramente pesa a certa mágoa
De ter que despertar — a mim a morte
Mais como o horror de me tirar o sonho
E dar-me a realidade me apavora,
Que como morte. Quantas vezes, (...),
Em sonhos vários conscientemente
Imersos, nos não pesa ter que ver
A realidade e o dia!
Sim, este mundo com seu céu e terra,
Com seus mares e rios e montanhas,
Com seus arbustos, aves, bichos, homens
Com o que o homem, com translata arte
De qualquer outra, divina, faz —
Casas, cidades, cousas, modos —
Este mundo que sonho reconheço,
Por sonho amo, e por ser sonho o não
Quisera deixar nunca, e por ser certo
Que terei que deixá-lo e ver verdade,
Me toma a gorja com horror de negro
O pensamento da hora inevitável,
E a verdade da morte me confrange.
42
Pudesse eu, sim pudesse, eternamente
Alheio ao verdadeiro ser do mundo,
Viver sempre este sonho que é a vida!
Expulso embora da divina essência,
Ficção fingindo, vã mentira eterna,
Alma-sonho, que eu nunca despertasse!
Suave me é o sonho, e a vida porque é
Temo a verdade e a verdadeira vida.
Quantas vezes, pesada a vida, busco
No seio maternal da noite e do erro,
O alívio de sonhar, dormindo; e o sonho
Uma perfeita vida me parece...
Perfeita porque falsa, e porventura
Porque depressa passa. E assim é a vida.
[del Acto I de su Fausto. Fausto. Tragédia Subjectiva. Presença.1988. p 19]
31
A sonhar eu venci mundos,
Minha vida um sonho foi.
Cerra teus olhos profundos.
Para a verdade que dói.
A Ilusão é mãe da vida:
Fui doido e tido por Deus.
Só a loucura incompreendida
Vái avante para os céus.
[Fragmento de la intervención de Cristo, Acto I de su Fausto. Fausto. Tragédia Subjectiva. Presença.1988.
p 34]
32
10-8-29
Aqui na orla da praia, mudo e contente do mar,
Sem nada já que me atraia, nem nada que desejar,
Farei um sonho, terei meu dia, fecharei a vida,
E nunca terei agonia, pois dormirei de seguida.
A vida é como uma sombra que passa por sobre um rio
Ou como um passo na alfombra de um quarto que jaz vazio;
O amor é um sono que chega para o pouco ser que se é;
A glória concede e nega; não tem verdades a fé.
Por isso na orla morena da praia calada e só,
Tenho a alma feita pequena, livre de mágoa e de dó;
Sonho sem quase já ser, perco sem nunca ter tido,
E comecei a morrer muito antes de ter vivido.
Dêem-me, onde aqui jazo, só uma brisa que passe,
Não quero nada do acaso, senão a brisa na face;
Dêem-me um vago amor de quanto nunca terei,
Não quero gozo nem dor, não quero vida nem lei.
Só, no silêncio cercado pelo som brusco do mar,
Quero dormir sossegado, sem nada que desejar,
Quero dormir na distância de um ser que nunca foi seu,
Tocado do ar sem fragrância da brisa de qualquer céu.
[Obra Poética de F.P. Europa-America, T. I, p. 211]
43
33
4-8-1930
Contemplo o lago mudo
Que uma brisa estremece.
Não sei se penso em tudo
Ou se tudo me esquece.
O lago nada me diz,
Não sinto a brisa mexê-lo
Não sei se sou feliz
Nem se desejo sê-lo.
Trêmulos vincos risonhos
Na água adormecida.
Por que fiz eu dos sonhos
A minha única vida?
[Obra Poética de F.P. Europa-America, T. II, p. 17]
34
27/11/1930
O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.
E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.
E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.
[Obra Poética de F.P. Europa-America, T. II, p. 54]
35
S/d
Dizem?
Esquecem.
Não dizem?
Disseram.
Fazem?
Fatal.
Não fazem?
Igual.
Porquê
Esperar?
– Tudo é
Sonhar.
[Obra Poética de F.P. Europa-America, T. II, p. 56]
44
Prosa Ortónima
36
Tudo é ilusão, toda a verdade é uma ilusão. A verdade suprema é a ilusão suprema. Só eu sou.
[Fragmento E3/94-77, presumiblemente inédito]
37
A nossa ancia de verdade é grande, e porcerto o que quizeramos fôra, não esta doctrina do Limiar, senão a
casa e o lar que há nelle.
De ahi a arte, feita para entretimento dos outros e nossa ocupação, dos que somos occupaveis d'esse
modo. Negada a verdade, não temos com que entreter-nos senão a mentira. Com ella nos entretenhamos,
dando-a porém como tal, que não como verdade; se uma hypothese metaphysica nos ocorre, façamos com
ella, não a mentira de um systema (onde possa ser verdade) mas a verdade de um poema ou de uma
novella — verdade em saber que é mentira, e assim não mentir. (...) e assim construi para mim esta (uma)
regra de vida.
[Regra de vida o prefacio para Ficções do Interludio. Pessoa por cohecer, Lisboa, Editorial Estampa,
1990,p. 114]
38
Com uma tal falta de literatura, como há hoje, que pode um homem de génio fazer senão converter-se, ele
só, em uma literatura? Com uma tal falta de gente coexistível, como há hoje, que pode um homem de
sensibilidade fazer senão inventar os seus amigos, ou, quando menos, os seus companheiros de espírito?
[Fragmento de “Aspectos” 20-70r-72r en Obras de António Mora. INCM. p.109]
39
O DESCONHECIDO
Tudo é ilusão (1).
A ilusão do pensamento, a do sentimento, a da vontade. Tudo é criação, e toda a criação é ilusão.
Criar é mentir.
Para pensar o não-ser criamo-lo, passa a ser uma coisa. Todos os que pensam ocultistamente criam em
absoluto todo um sistema do Universo, que fica sendo real. Ainda que se contradigam: há vários sistemas
do universo, todos eles reais.
Nós próprios, porque existimos, somos criações também, portanto ilusões. Mas somos criações de quem?
Do Deus que nós-próprios criámos? Como se o criámos nós, e lhe somos portanto anteriores ? Isso é
supondo real o tempo, que é outra criação nossa. Tudo é um amontoado de ilusões.
Aquilo a que chamamos verdade é aquilo a que também chamamos o ser. Verdadeiro é o que é. Mas o
que é é ilusão. Por isso a verdade é a ilusão, é uma ilusão.
A que abismo vamos ter?
Quanto mais forte o pensamento, o sentimento, a vontade, maior o poder criador.
O que a ocultistas é verificável é falso. Há imortalidade, mesmo eternidade da alma, mas isto é falso. Há
um Deus eterno, criador do céu e da terra, e isto é falso. Ser é não-ser.
Nunca podemos deixar de criar, por isso nunca podemos deixar de mentir.
A própria ilusão é uma ilusão.
O que nós não sentimos não existe. O que nós sentimos (...)
45
Só há uma coisa que não pode ser ilusão, porque ela não é criada: é a consciência. Uma só coisa escapa a
toda a crítica — a consciência. A consciência não cria, nem é um conceito nosso, porque a não podemos
pensar nem como sendo, nem como não-sendo. Pensar, sentir, querer, são ilusões; mas ter consciência
não é uma ilusão.
A verdade é da consciência para lá. «Deus» é a consciência da consciência, coisa que não podemos
pensar.
A consciência não é concreta nem abstracta, não é um ser nem não-ser.
Na proporção em que a consciência é uma ideia nessa é falsa.
Existem realmente Deus, céu, anjos, almas imortais e eternas. E contudo nada disso é verdade. Existe e
dura eternamente, mas é falso.
O niilismo transcendental ...
Temos todos a noção de que há qualquer coisa: isso é falso. Não há; não há nem não há. A própria
consciência não existe, mas é a única verdade.
Não haverá graus na ilusão? Quanto mais criadora uma coisa é mais ilusória. Partindo do nosso espírito,
vemos quais as maiores ilusões ...
(1) Tudo se reduz a criar.
Tudo se reduz a iludir-se.
Portanto criar é mentir.
[Textos. Filosóficos. Ática pp 44-6]
40
O mundo não é verdadeiro, mas é real
[Aforismos e afins. A & A. 2005, p 64]
41
O primeiro alimento literário da minha infância estava nos muitos romances de mistério e aventuras
pavorosas. Os livros ditos para rapazes, que relatam experiências emocionantes, pouco me interessavam.
Não me atraía a vida saudável e natural. Ansiava, não pelo provável, mas pelo incrível, nem sequer pelo
impossível em grau, mas sim pelo impossível por naturaza. A minha infância foi tranquila [ ] a minha
educação boa. Mas desde que tenho conciência de mim, apercebi-me de uma tendência inata em mim
para a mistificação, a mentira artística.
[Prosa íntima e de autoconhecimento. A &A,2006, p55]
42
Toda a minha vida tem sido de passividade e sonho.
[Prosa íntima e de autoconhecimento. A &A, p69]
43
Tive sempre, desde criança, a necessidade de aumentar o mundo com personalidades fictícias, sonhos
meus rigorosamente construídos, visionados com clareza fotográfica, compreendidos por dentro das suas
almas. Não tinha eu mais que cinco anos, e, criança isolada e não desejando senão assim estar, já me
acompanhavam algumas figuras de meu sonho — um capitão Thibeaut, um Chevalier de Pas — e outros
que já me esqueceram, e cujo esquecimento, como a imperfeita lembrança daqueles, é uma das grandes
saudades da minha vida.
[Prosa íntima e de autoconhecimento. A &A, p148/ Fragmento de carta a Adolfo Casais Monteiro]
46
44
O Sonho é a pior das drogas, porque é a mais natural de todas…
[Prosa íntima e de autoconhecimento. A &A, p.448]
45
Grande homem é o que impõe aos outros o seu próprio sonho, os seus próprios sonhos. Para lhes impor os
seus próprios sonhos tem, por isso, que sonhar sonhos que eles tenham, de certo modo, entressonhado
para que deveras eles possam recebê-los
[Prosa íntima e de autoconhecimento. A &A, p448]
46
Matar o sonho é matarmo-nos. É mutilar a nossa alma. O sonho é o que temos de realmente nosso, de
impenetravelmente e inexpugnavelmente nosso
[Prosa íntima e de autoconhecimento. A &A, p451]
47
A sinceridade é o grande obstáculo que o artista tem a vencer. Só uma longa disciplina, uma
aprendizagem de não sentir senão literariamente as cousas, podem levar o espírito a esta culminância.
[Páginas de estética e de teoria e crítica literarias. Ed. Ática, p 38]
48
Quem quisesse resumir numa palavra a característica principal da arte moderna encontrá-la-ia,
perfeitamente, na palavra sonho. A arte moderna é arte de sonho.
Modernamente deu-se a diferenciação entre o pensamento e a acção, entre a ideia do esforço e o ideal, e o
próprio esforço e a realização. Na Idade Média e na Renascença, um sonhador, como o Infante D.
Henrique, punha o seu sonho em prática. Bastava que com intensidade o sonhasse. O mundo humano era
pequeno e simples. Era-o todo o mundo até à época moderna.
Não havia a complexidade de poder a que chamamos a democracia, não havia a intensidade de vida que
devemos àquilo a que chamamos o industrialismo, nem havia a dispersão da vida, o alargamento da
realidade que as descobertas deram e resulta no imperialismo.
Hoje o mundo exterior é desta complexidade tripla e horrorosa. Logo no limiar do sonho surge o
inevitável pensamento da impossibilidade. ( a Própria ignorância medieval era uma força de sonho). Hoje
tudo tem o como e o porquê científico e exacto. Explorar a África seria aventureiro, mas não é já
tenebroso e estranho, procurar o Pólo seria arriscado, mas já não é. O Mistério morreu na vida: quem vai
explorar a África ou o Pólo não leva em si o pavor do que virá a encontrar, porque sabe que só encontrará
coisas cientificamente conhecidas ou cientificamente cognoscíveis.
Já não há ousadia: basta a coragem física de um bom pugilista (?). Por isso as mais loucas tentativas de
idealização dos nossos aviadores e exploradores não logram ser não ridículas, tão de estatura de alma
mediana estas são. É que são homens de ciência, homens de prática. E os grandes homens antigos eram
homens de sonho.
Os homens diminuem. Gradualmente, cada vez mais, governar é administrar, guiar. Desde que a arte
moderna se tornara a arte pessoal, lógico era que o seu desenvolvimento fosse para interiorização cada
vez maior - para o sonho crescente, cada vez mais para o sonho.
O poeta do sonho é um melódico, um acorrentado na música dos seus versos, como Ariel estava preso na
curva de Sicorax ( The Tempest de Shakespeare ). A música é essencialmente a arte do sonho: e o
47
desenvolvimento da música, moderno todo, no que valioso e grande, é a composição suprema de quanto
aqui teorizamos.
O poeta sonhador, porque sonhador, é até certo ponto músico. E para comunicar o seu sonho precisa de se
valer das coisas que comunicam o sonho. A música é uma delas. O poeta de sonho é geralmente visual,
um visual estético. O sonho é da vista geralmente. Pouco sabe auditivamente, tactilmente. E o "quadro", a
"paisagem" é de sonho, na sua essência, porque é estática, negadora do continuamente dinâmico que é o
mundo exterior. ( Quanto mais rápida e turva é a vida moderna, mais lento, quieto e claro é o sonho).(...)
(...)Havia 3 caminhos a seguir ante este novo estado civilizacional:
1) Entregar-se ao mundo exterior, deixar-se absorver por ele, tomando dele a vida oca e ruidosa, o esforço
sumamente esforço, a Natureza simplesmente Natureza - e este caminho seguiram Whitman, Nietzsche,
Verhaeren, e entre nós, a corrente que incluiu Nunes Claro, Sílvio Rebelo e João de Barros.
2) Pôr-se ao lado, à parte dessa corrente, num sonho todo individual, todo isolado, reagindo inertemente e
passivamente contra a vida moderna, quer pela ânsia medieval, quer pela fuga para o longe no espaço,
quer para o estranho e o invulgar na vida - o Longe na vida afinal. Foi o caminho que seguiram Edgar
Poe, Baudelaire ( fugindo para o estranho ), Rossetti, Verlaine ( para a Idade Média e para o Estranho ),
Eugénio de Castro ( para a Grécia ), Loti ( para o Oriente).
3) Metendo esse ruidoso mundo, a natureza, tudo, dentro do próprio sonho - e fugindo da " Realidade"
nesse sonho. É o caminho Português ( tão caracteristicamente português ) - que vem desde Antero de
Quental cada vez mais intenso até à nossa recentíssima poesia
[Páginas de estética e de teoria e crítica literarias. Ed. Ática, p 156-9]
49
Primeiramente, primitivamente, o homem, em quem ainda se não tinha diferenciado imaginação e razão,
pensou por símbolos, por imagens, por metáforas
[Páginas de Estética e de Teoria Literárias. Fernando Pessoa. Lisboa: Ática, 1966.p, 125]
António Mora
50
Quantos géneros de ficções há?
1. Ficções que formam a religião ou a metafísica.
2. Ficções que formam a moral e os costumes.
3. Ficções que formam a estética.
Servem as primeiras de guiar-nos nas nossas relações universais; as segundas nas nossas relações sociais;
as últimas nas nossas relações com nós-próprios.
s.d.
[Obras de Antonio Mora. 297-8]
51
Vivemos de ficções porém não ficticiamente. Fóra de nós só apprehendemos uma realidade exterior a um
destino inmutavel, nem justo nem injusto, alheio assim ao bem como ao mal, que nos seja a nós e a ella.
Tudo mais fingimol-o ou sonhamo-lo, é sonho consciente ou inconsciente.
Fingimos e sonhamos para poder viver. Assim como não comemos nós a mor parte dos alimentos, assim
também não vemos sem disfarce a mór parte do que chamamos factos.
[Obras de Antonio Mora. 298-9]
48
52
A arte é esencialmente Erro
[Tx F. p. 33]
Alberto Caeiro
53
No entardecer dos dias de Verão, às vezes,
Ainda que não haja brisa nenhuma, parece
Que passa, um momento, uma leve brisa...
Mas as árvores permanecem imóveis
Em todas as folhas das suas folhas
E os nossos sentidos tiveram uma ilusão,
Tiveram a ilusão do que lhes agradaria...
Ah, os sentidos, os doentes que vêem e ouvem!
Fôssemos nós como devíamos ser
E não haveria em nós necessidade de ilusão ...
Bastar-nos-ia sentir com clareza e vida
E nem repararmos para que há sentidos ...
Mas graças a Deus que há imperfeição no Mundo
Porque a imperfeição é uma cousa,
E haver gente que erra é original,
E haver gente doente torna o Mundo engraçado.
Se não houvesse imperfeição, havia uma cousa a menos,
E deve haver muita cousa
Para termos muito que ver e ouvir ...
(Enquanto os olhos e ouvidos se não fecham)…
[O Guardador de Rebanhos - Poema XLI, A&A, 2004, p. 77]
Barão de Teive
54
O sonho, quando demasiado vivido, ou familiar, torna-se numa nova realidade; tiraniza como ela; deixa
de ser refúgio. Os exércitos sonhados acabam por ser derrotados, como os que baqueiam e se
desmoronam nos encontros e batalhas do mundo
[A educação do Stoico. INCM, 2007, p.40]
Álvaro de Campos
55
Sentir tudo de todas as maneiras,
Ter todas as opiniões,
Ser sincero contradizendo-se a cada minuto,
Desagradar a si-próprio pela plena liberalidade de espírito,
E amar as coisas como Deus.
Eu, que sou mais irmão de uma árvore que de um operário,
Eu, que sinto mais a dor suposta do mar ao bater na praia
Que a dor real das crianças em quem batem
49
(Ah, como isto deve ser falso, pobres crianças em quem batem E porque é que as minhas sensações se revezam tão depressa?)
Eu, enfim, que sou um diálogo contínuo
Um falar-alto incompreensível, alta-noite na torre,
Quando os sinos oscilam vagamente sem que mão lhes toque
E faz pena saber que há vida que viver amanhã.
Eu, enfim, literalmente eu,
E eu metaforicamente também,
Eu, o poeta sensacionista, enviado do Acaso
Às leis irrepreensíveis da Vida,
Eu, o fumador de cigarros por profissão adequada,
O indivíduo que fuma ópio, que toma absinto, mas que, enfim,
Prefere pensar em fumar ópio a fumá-lo
E acha mais seu olhar para o absinto a beber que bebê-lo...
Eu, este degenerado superior sem arquivos na alma,
Sem personalidade com valor declarado,
Eu, o investigador solene das coisas fúteis,
Era capaz de ir viver na Sibéria só por embirrar com isso
E que acho que não faz mal não ligar importância à pátria
Porque não tenho raiz, como uma árvore, e portanto não tenho raiz...
Eu, que tantas vezes me sinto tão real como uma metáfora,
Como uma frase escrita por um doente no livro da rapariga que encontrou no terraço,
Ou uma partida de xadrez no convés dum transatlântico,
Eu, a ama que empurra os perambulators em todos os jardins públicos,
Eu, o polícia que a olha, parado para trás na álea,
Eu, a criança no carro, que acena à sua inconsciência lúcida com um colar com guizos,
Eu, a paisagem por detrás disto tudo, a paz citadina
Coada através das árvores do jardim público,
Eu, o que os espera a todos em casa,
Eu, o que eles encontram na rua
Eu, o que eles não sabem de si-próprios,
Eu, aquela coisa em que estás pensando e te marca esse sorriso,
Eu, o contraditório, o fictício, o aranzel, a espuma,
O cartaz posto agora, as ancas da francesa, o olhar do padre,
O lugar onde se encontram as duas ruas e os chauffeurs dormem contra os carros,
A cicatriz do sargento mal-encarado,
O sebo na gola do explicador doente que volta para casa,
A chávena que era por onde o pequenito que morreu bebia sempre,
E tem uma falha na asa (e tudo isto cabe num coração de mãe e enche-o)...
Eu, o ditado de francês da pequenita que mexe nas ligas,
Eu, os pés que se tocam por baixo do bridge sob o lustre,
Eu, a carta escondida, o calor do lenço, a sacada com a janela entreaberta,
O portão de serviço onde a criada fala com os desejos do primo,
O sacana do José que prometeu vir e não veio
E a gente tinha uma partida para lhe fazer...
Eu, tudo isto, e além disto o resto do mundo...
Tanta coisa, as portas que se abrem, e a razão porque elas se abrem,
E as coisas que já fizeram as mãos que abrem as portas...
Eu, a infelicidade-nata de todas as expressões,
A impossibilidade de exprimir todos os sentimentos,
Sem que haja uma lápide no cemitério para o irmão de tudo isto,
E o que parece não querer dizer nada sempre quer dizer qualquer coisa...
Sim, eu, o engenheiro naval que sou supersticioso como uma camponesa madrinha,
E uso o monóculo para não parecer igual à ideia real que faço de mim,
Que levo às vezes três horas a vestir-me e nem por isso acho isso natural,
Mas acho-o metafísico e se me batem à porta zango-me,
Não tanto por me interromperem a gravata como por ficar sabendo que há a vida...
Sim, enfim, eu o destinatário das cartas lacradas,
O baú das iniciais gastas,
A intonação das vozes que nunca ouviremos mais -
50
Deus guarda isso tudo no Mistério, e às vezes sentimo-lo
E a vida pesa de repente e faz muito frio mais perto que o corpo.
A Brígida prima da minha tia,
O general em que elas falavam - general quando elas eram pequenas,
E a vida era guerra civil a todas as esquinas...
Vive le mélodrame où Margot a pleuré!
Caem folhas secas no chão irregularmente,
Mas o facto é que sempre é outono no outono,
E o inverno vem depois fatalmente,
E há só um caminho para a vida, que é a vida...
Esse velho insigniflcante, mas que ainda conheceu os românticos
Esse opúsculo político do tempo das revoluções constitucionais,
E a dor que tudo isso deixa, sem que se saiba a razão
Nem haja para chorar tudo mais razão que senti-lo.
Todos os amantes beijaram-se na minha alma,
Todos os vadios dormiram um momento em cima de mim
Todos os desprezados encostaram-se um momento ao meu ombro,
Atravessaram a rua, ao meu braço todos os velhos e os doentes,
E houve um segredo que me disseram todos os assassinos.
(Aquela cujo sorriso sugere a paz que eu não tenho,
Em cujo baixar-de-olhos há uma paisagem da Holanda,
Com as cabeças femininas coiffées de lin
E todo o esforço quotidiano de um povo pacífico e limpo...
Aquela que é o anel deixado em cima da cómoda,
E a fita entalada com o fechar da gaveta,
Fita cor-de-rosa, não gosto da cor mas da fita entalada,
Assim como não gosto da vida, mas gosto de senti-la...
Dormir como um cão corrido no caminho, ao sol,
Definitivamente para todo o resto do Universo,
E que os carros me passem por cima)
Fui para a cama com todos os sentimentos,
Fui souteneur de todas as emoções,
Pagaram-me bebidas todos os acasos das sensações,
Troquei olhares com todos os motivos de agir,
Estive mão em mão com todos os impulsos para partir,
Febre imensa das horas!
Angústia da forja das emoções!
Raiva, espuma, a imensidão que não cabe no meu lenço,
A cadela a uivar de noite,
O tanque da quinta a passear à roda da minha insónia
O bosque como foi à tarde, quando lá passeamos, a rosa,
A madeixa indiferente, o musgo, os pinheiros,
Toda a raiva de não conter isto tudo, de não deter isto tudo,
Ó fome abstracta das coisas, cio impotente dos momentos,
Orgia intelectual de sentir a vida!
Obter tudo por suficiência divina As vésperas, os consentimentos, os avisos,
As coisas belas da vida O talento, a virtude, a impunidade,
A tendência para acompanhar os outros a casa,
A situação de passageiro,
A conveniência em embarcar lá para ter lugar,
E falta sempre uma coisa, um copo, uma brisa, uma frase,
E a vida dói quanto mais se goza e quanto mais se inventa.
Poder rir, rir, rir despejadamente,
Rir como um copo entornado,
Absolutamente doido só por sentir,
Absolutamente roto por me roçar contra as coisas,
Ferido na boca por morder coisas,
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Com as unhas em sangue por me agarrar a coisas,
E depois dêem-me a cela que quiserem que eu me lembrarei da vida.
[Fragmento, versión de “A passagem das Horas”, Álvaro de Campos-Poesía, A & A, p 200]
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*La voluntad de ilusión en Pessoa
La bibliografía pessoana tanto activa como pasiva es inagotable. Para la realización de este
trabajo se ha tenido acceso a la bibliografía activa pessoana en las diferentes ediciones
portuguesas y a su espólio en la BNP, asimismo las referencias de bibliografía pasiva sobre la
temática del fingimiento o de la voluntad de ilusión puede consultarse en Pessoana,
Bibliografia passiva, selectiva e temática,II volumes, Assirio & Alvim, Lisboa, 2008, p 62, vol I.
No se ofrece una selección temática de este tipo al considerar que la función principal del
trabajo presente fue la de ofrecer un juego de intertextualidad sobre la intuición de la
esencialidad de la voluntad de ilusión entre los textos pessoanos y otros representantes
anteriores de la literatura biológica.
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Treball - Hermeneia