Posición doctrinal de nuestra Iglesia
Esta reunión no tiene por objeto abrir un debate sobre los cinco puntos del calvinismo,
sino informar sobre la posición doctrinal de nuestra denominación respecto a esto y exponer su
fundamento bíblico. Si alguno tiene una pregunta sobre algo que no entendió, puede hacerla.
Pero si alguien no está de acuerdo con la posición doctrinal de nuestra denominación no lo
plantee ahora. Después, privadamente, tendré no sólo la voluntad, sino el gusto de
conversarlo. Creo que no está demás decir en este momento que la mayoría de los hermanos
que han llegado a no estar de acuerdo con la posición bíblica de nuestra denominación, actitud
que han tomado de fuera de ella, han mostrado un apasionamiento que les lleva a enojarse,
levantar la voz y ser a veces sumamente irrespetuosos. Esto muestra que su preocupación no
es sólo celo por la verdad, sino un ánimo carnal, muy frecuentemente de orgullo intelectual.
Exhorto a TODOS a respetarse y a amarse sinceramente y a tratar estos problemas con
verdadera mansedumbre. Nada justifica que nos airemos por esta causa y esto hasta perder el
dominio propio, lo que contradice lo que nos enseñó nuestro Señor por palabra y ejemplo.
También tengo que dejar muy en claro que cuando nos referimos a grandes teólogos y
otros siervos del Señor no nos declaramos discípulos de ellos, ya que nuestro único maestro es
nuestro Señor Jesucristo, sino sólo que respetamos a aquellos a quienes nuestro Dios ha
usado en forma extraordinaria en su obra. Tal es el caso de Agustín, Lutero, Calvino, Mc Intire,
etc. Nuestra denominación se declara calvinista, no por ser discípulos o seguidores de Calvino,
sino por que respetamos a tan gran hombre de Dios y estamos de acuerdo con la forma como
él entendió la Palabra de Dios. Lo más destacado dentro de su forma de entender la Biblia fue
su enseñanza sobre la soberanía de Dios, que es absoluta y determinante en todo cuanto ha
sido hecho y ocurre en el universo. Creemos que efectivamente Dios se revela así en su
Palabra, como soberano Señor del universo y de cuanto en él existe. Esto significa que
siempre se hace su voluntad y no existe poder alguno que pueda impedirla o hacerla nula.
Cuando se habla de los cinco puntos del calvinismo no se hace referencia a una
enseñanza sistemática de Calvino. Incluso es posible que parte de ellos no fuera enseñada ni
sostenida por él. No he encontrado, por ejemplo, más que una línea que podría interpretarse,
pero que no lo dice expresamente, sobre expiación limitada en su obra maestra, la institución
de la Religión Cristiana y nada en su gran comentario sobre Romanos. Ignoro si lo hace en
otras de sus numerosas obras.
Lo cierto es que los cinco puntos del calvinismo son una elaboración de los teólogos
holandeses como un siglo después de Calvino, motivada por la controversia arminiana.
1
En relación con esto consideremos el siguiente esquema:
Hipercalvinistas
La voluntad del
hombre
completamente
eliminada.
Calvinistas estrictos
Calvinistas
moderados
El hombre tiene
voluntad pero la
ejerce de acuerdo
con Dios sólo
cuando es
regenerado.
Arminianos y
semipelagianos
El hombre conserva
su propia voluntad,
pero necesita del
auxilio divino.
Pelagianos
El hombre conserva
totalmente su
voluntad.
Los cinco puntos del calvinismo son los siguientes:
1. Total depravación (espiritual) de todos los seres humanos;
2. Elección incondicional;
3. Expiación limitada;
4. Gracia irresistible; y
5. Perseverancia de los santos.
Nuestra denominación acepta firmemente los puntos 1,2, 4, y 5, pero no el 3 en su forma
extrema. Esta posición es la que se enseñaba en nuestro seminario desde su fundación en
1949, es decir es la posición de nuestra denominación desde el principio.
Me limitaré a exponer en la forma más clara que me sea posible los puntos que
aceptamos, sin recargar la exposición con textos bíblicos, tanto porque hay muchos para cada
uno de ellos, como porque no hay diferencia de criterio sobre ninguno de ellos entre nosotros.
1. Total depravación (espiritual) de todos los seres humanos. Cuando Adán pecó su
naturaleza completa quedó afectada por el pecado, esto incluyó su inteligencia, sentimientos y
voluntad. No quedaron completamente anuladas o destruidas estas facultades, por que en ese
caso habría Adán y todos sus descendientes dejado de ser personas, pero la inteligencia se
obscureció, no amamos naturalmente a Dios y aunque seguimos tomando decisiones
voluntarias, estas decisiones siempre son contrarias a Dios. No es obligado a tomar estas
decisiones, podría tomarlas a favor o en contra de Dios, pero su naturaleza enteramente
corrompida le hace decidir siempre en contra de Dios. Existen dos opiniones diferentes acerca
de cómo la caída de Adán nos afecta a todos sus descendientes, pero lo básico es que a
causa de la caída todos somos pecadores de nacimiento.
2. Elección incondicional. De entre todos los seres humanos perdidos Dios quiso, según
su soberana voluntad, elegir a algunos para que se salvaran y dejar a los demás en su
perdición. Esto último es lo mismo que decir que fueron predestinados para condenación, lo
cual enseña clara mente la Biblia.
Cuando la Biblia dice que a los que antes conoció a estos predestinó no quiere decir
que Dios vio anticipadamente algún mérito en algunos, por el cual les predestinó para ser
salvos, porque la Escritura es muy clara en cuanto a que la elección no fue motivada por nada
2
que estuviera en los elegidos, sino que fue exclusivamente por la soberana voluntad de Dios.
Desde el punto de vista de Dios no hay diferencia alguna entre los elegidos y los no elegidos:
todos somos igualmente pecadores y merecedores de eterna condenación. La razón de por
qué Dios decidió salvar a algunos y no a otros está sólo en él y completamente fuera de
nuestra razón y conocimiento. Lo creemos únicamente porque Dios nos lo ha dado a conocer
en su Palabra. En cuanto a que predestinó a los que antes conoció, se refiere a que él sabía
perfectamente bien las personas que existirían.
Esto es lo que significa la elección incondicional, elección debida sólo a la soberana
voluntad de Dios y no a nada que esté o pertenezca a nosotros los elegidos.
4. Gracia irresistible. A los que eligió, Dios les muestra y ejerce a favor de ellos, una
buena voluntad, un favor, completamente inmerecido. Por esa gracia los elegidos siempre se
arrepentirán y creerán al evangelio. No significa que en cuanto Dios les da a conocer el
evangelio por cualquier medio y los llama a arrepentirse y creer, lo harán de inmediato y sin
poder resistirse, sino que en algún momento de su vida lo harán sin falta. Esta no es una
imposición forzosa sobre el elegido, sino el resultado de una decisión suya, posible sólo por
regeneración que obra el Espíritu Santo en los elegidos. Como ellos, igual que los no elegidos,
están muertos espiritualmente, no pueden responder al llamado del amor de Dios, sino porque
el Espíritu Santo implanta en ellos una nueva vida, una vida espiritual que les permite entender
el evangelio, apreciarlo, creerlo y aceptarlo para sí mismos. No es una decisión forzada, pero
Dios obra en la voluntad de los elegidos para que quieran creer y esto nunca dejará de ocurrir,
por eso la gracia es irresistible, no porque Dios obligue a creer a los elegidos.
5. Perseverancia de los santos. De todo lo anterior es evidente que los elegidos, una
vez salvados, seguirán fieles hasta el fin. Sin embargo, no significa que no puedan extraviar
temporalmente el camino, a veces por un tiempo prolongado. Pero siempre se arrepentirán y
se volverán al Señor antes de morir. En realidad todos nosotros pecamos continuamente y
mientras permanezcamos en pecado estamos en malas relaciones con nuestro Dios y
Salvador. Pero, si somos elegidos, continuamente también nos arrepentimos, confesamos a
Dios nuestro pecado, él nos perdona por los méritos infinitos de Cristo y nosotros confiamos
completamente que ese pecado está cubierto ante los ojos de Dios por la preciosa sangre de
nuestro Señor.
Consideremos ahora el punto 3, sobre la expiación limitada.
Primeramente ¿Por qué darle tanta importancia o énfasis a esto? No lo haríamos, y
verdaderamente no lo hacíamos hasta hace unos tres o cuatro años, cuando algunos jóvenes
comenzaron a darle una desmesurada y desequilibrada importancia y a obtener conclusiones
completamente injustificadas a la luz de la Biblia. Es semejante a lo que ocurre con los
inmersionistas. Si no fuera por su insistencia en la forma del bautismo y su descalificación de
los que no aceptamos su interpretación, escasamente nos referiríamos a un asunto muy
secundario. Pero su actitud intolerante y a menudo perturbadora para nuestros hermanos
sencillos nos obliga a poner énfasis en lo que sinceramente creemos que es la enseñanza
bíblica sobre ese asunto.
3
Dicho con sencillez, este punto significa que Cristo expió sólo los pecados de los
elegidos y de nadie más. De este modo implica claramente que por los pecados de los no
elegidos no se ha hecho provisión alguna.
Nuestra denominación cree, y así lo ha sostenido desde el principio, que, por el
contrario, Dios proveyó por los pecados de todos los seres humanos, por lo cual la expiación
los incluyó a todos.
Dicho así parecen dos puntos de vista, completamente incompatibles. Pero no es así.
La aparente incompatibilidad se produce cuando los que sostienen la llamada “expiación
limitada” dicen que los que sostienen la expiación ilimitada creemos que el propósito de la
expiación era salvar a todos los seres humanos, propósito que se habría frustrado. Por
supuesto que no creemos de modo alguno que el propósito de la expiación haya sido salvar a
todos los seres humanos, ni que al fin todos se salvarán o que la salvación dependa de una
decisión de la voluntad humana natural, por más que sea auxiliada por el Espíritu Santo.
Tanto unos como otros creemos que Dios eligió a los que quería que se salvaran y que
los no elegidos se perderán. También todos creemos que los elegidos se salvarán porque
Cristo respondió por ellos ante la perfecta justicia de Dios, mediante su perfecto cumplimiento
de la ley y su sangre derramada en la cruz. Sin duda que el propósito de Dios era salvar a
todos los elegidos y sólo a ellos, propósito que se cumplirá completamente, porque ningún
propósito de Dios puede frustrarse. En todo esto no hay diferencia de opinión.
Pero sí hay diferencia cuando sostenemos que la elección no salva automáticamente a
los predestinados para salvación. Sostenemos que para que la elección sea efectiva para los
escogidos estos tienen que cumplir una condición, que es arrepentirse y creer, pero como el
ser humano en su estado natural no lo hará nunca, Dios obra en sus elegidos, por su Espíritu
Santo, regenerándolos. Con esa vida espiritual impartida divinamente, el elegido quiere
arrepentirse y creer. No es obligado a hacerlo, pero Dios obra en su voluntad para que quiera
cumplir la condición. Si no fuera así, no sería necesario el llamado interno del Señor y él
llevaría al cielo a los elegidos simplemente por ser elegidos, aunque nada hicieran, ni aún
arrepentirse y creer. Todos los que creemos que la Biblia es divinamente inspirada sabemos
que hay un llamado a los elegidos para convertirse y que esto significa que tiene que haber
una acto de su voluntad para ser salvos. Este acto es del pecador elegido regenerado. Por eso
somos llamados a predicar el evangelio y a invitar a los pecadores a convertirse.
La objeción más importante que les formulamos a los que creen crudamente en la
expiación limitada es cómo se puede explicar que Dios dirija un llamamiento de buena fe a los
no elegidos para que vengan a Cristo, si nada ha provisto para sus pecados. No se puede
negar bíblicamente que Dios hace este llamado.
Destacados teólogos calvinistas, como Calvino, Hodge, Berkhof y Boettner, enfrentan
esto aceptando que la expiación de Cristo es suficiente para todos los seres humanos, pero
eficaz sólo para los elegidos. Con esto estamos completamente de acuerdo los que creemos
en la expiación ilimitada.
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Calvino sostiene esto a la letra y afirma que es una respuesta dada desde antes de él
por las escuelas de teología. Berkhof lo dice también a la letra dos veces o más, y está de
acuerdo con esto. Hodge no lo dice a la letra, pero sostiene lo mismo en un párrafo extenso.
Boettner también hace lo mismo. Pero ninguno, salvo Boettner, explica en qué sentido la
expiación es suficiente para todos los seres humanos.
Boettner, en su libro “La Predestinación”, explica luminosamente todo esto y los que
sostenemos la expiación ilimitada podemos suscribir sinceramente y de buena gana sus
afirmaciones. Primeramente la debilidad de la posición de la cruda creencia en la expiación
limitada queda manifestada por el hecho de que empieza el capítulo sobre ella diciendo que
sería más correcto decir “redención limitada”, que “expiación limitada”. Su explicación acerca
de la razón por qué la expiación de Cristo es suficiente para todos es que “Esta doctrina (la de
la expiación limitada) no significa que se puede limitar el valor, o el poder de la expiación que
Cristo hizo. “El valor de la expiación depende de y es medido por la dignidad de la persona
que la hizo y dado que Cristo sufrió como una persona divina-humana, el valor de su
sufrimiento es infinito….La expiación, por tanto, es infinitamente meritoria y hubiera podido
salvar a cada miembro de la raza humana, si esa hubiera sido la voluntad de Dios”. Algo más
adelante dice: “Creemos que aun si muchísimos menos hubiesen de ser perdonados y
salvados, una expiación de valor infinito hubiese sido necesaria a fin de haberles asegurado
éstas bendiciones y aunque muchos más o aun todos los hombres hubiesen de ser
perdonados o salvados, el sacrificio de Cristo hubiese sido ampliamente suficiente como la
base de la salvación de éstos”.
Ahora bien, que esa expiación es limitada significa que el propósito de Dios y la
aplicación efectiva de ella sólo beneficia a los elegidos. Con esto, que la expiación es suficiente
para todos y eficaz sólo para los elegidos, estamos completamente de acuerdo los que
sostenemos la expiación ilimitada y debemos ser cuidadosos para no sostenerla de otra
manera.
De la cruda aceptación de la expiación limitada, que algunos de los jóvenes han estado
agitando, sea por sí mismos o más probablemente tomándolo de otros, obtienen la conclusión
de que Dios odia a los no elegidos y ama sólo a los elegidos. Si esto no se deja muy claro, es
completamente falso y presenta a un Dios que está muy lejos del que se revela a nosotros en
su palabra. Para no extenderme más citaré sólo Génesis 18:26 “Entonces respondió Jehová: si
hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad perdonaré a todo éste lugar por AMOR
de ellos.” No puede caber duda de que ésta justicia de los cincuenta no podía ser sino muy
relativa, pero con todo Dios les amaría, si hubieran estado presentes. Sin duda no habrían sido
salvos ni elegidos. Más terminante es Jonás 4:11.
Además, uno de los perfectos atributos de Dios es el amor, pero esto no impide que
ejerza también su perfecta justicia. De un modo incomprensible e imposible para nosotros, Dios
ama y, al mismo tiempo, aborrece. Ama a todas las criaturas que le deben su existencia. Es
inconcebible que haya creado seres humanos para odiarlos. Pero al mismo tiempo odia el
pecado. Como los pecados no son algo abstracto, que flote en el aire, sino que es cometido por
seres humanos concretos, de carne y hueso, la justa ira de Dios por el pecado recae sobre los
seres humanos pecadores. Sólo en este sentido podemos decir que Dios odia a los pecadores.
Esto es lo que quiere decir la resolución de Octubre de 2009 de nuestro Presbiterio, que dice:
“Dios ama al pecador, pero aborrece su pecado”.
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Otra conclusión bíblicamente injustificada de los que sostienen crudamente la expiación
limitada es que no debe hacerse llamado a los pecadores para que vengan a Cristo y se
conviertan. La Biblia nos mandó a hacerlo abrumadoramente y todos los grandes expositores
de la expiación limitada, que la entienden correctamente, sostienen fuertemente que debemos
hacerlo (los Cánones de Dort, Berkhof, Hodge). Este error proviene del temor de que se deje
algún resquicio al ser humano para que se salve por sí mismo, por sus propios méritos, aunque
sea con el auxilio del Espíritu Santo. Sostenemos que los elegidos llamados a convertirse
ejercen una acción de su voluntad regenerada y deciden convertirse. Los no elegidos son
llamados igualmente a convertirse, pero su voluntad natural (que tienen como seres humanos,
porque en caso contrario no lo serían) dejada a sí misma rechaza el llamado, como dice Juan
3:19 “Y ésta es la condenación porque la luz vino al mundo y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. Desde el punto de vista de Dios, no se
convierten porque no son elegidos. Desde el punto de vista del hombre, se pierden porque
aman las tinieblas y sus obras son malas. Éstas son acciones humanas. No se pierden
automáticamente por no haber sido elegidos.
Tanto en los elegidos como en los no elegidos hay una decisión humana, debido a que
la elección incluye la condición de convertirse. En los elegidos la regeneración les permite
querer y decidir arrepentirse y creer. En los no elegidos, su voluntad natural espiritualmente
depravada, les hace no querer y decidir rechazar el evangelio.
Quiera el Señor que todos comprendamos que estrictamente, no hay diferencia entre los
que en forma adecuada sostienen la expiación limitada y los que sostenemos la expiación
ilimitada. Todos creemos que esa expiación se aplica sólo a los elegidos. Si alcanza también a
los no elegidos, aunque sin el propósito de salvarlos, no afecta nuestra salvación y elección ni
nuestra responsabilidad de predicar el evangelio a toda criatura y esto es lo que importa. Unos
y otros tenemos que estar bien seguros de que estamos entre los elegidos por la sola gracia de
Dios y que eso se ha manifestado en nosotros por nuestra sincera conversión, conforme a la
palabra de Dios y que tenemos el testimonio interno del Espíritu Santo de que somos hijos de
Dios y unos y otros debemos obedecer el mandato de nuestro Señor de ir por todo el mundo,
predicando el evangelio a toda criatura. Si los que se pierden lo son porque Dios nada ha
provisto para ellos o porque rechazan el valor infinito de la expiación de Cristo es asunto de
Dios, no de nosotros. ¿Por qué entonces perturbar con esto la paz de la iglesia, airarse y
actuar irrespetuosamente con aquellos que el Señor ha levantado para presidir su iglesia fiel?
¿Es bíblica la posición de nuestra denominación en cuanto a esta doctrina? Hay pasajes que
se presentan a favor de la expiación limitada que solo agregándole a la Biblia o retorciendo su
claro y directo sentido se les puede atribuir ese significado. Entre muchos de ellos está el más
conocido de todos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna”, al cual se le agrega:
“amó Dios al mundo (de los elegidos)”. El contexto se refiere tanto a todos los seres humanos,
como sólo a los elegidos, por lo cual no se puede alegar ese contexto para interpretar así la
palabra “mundo”, lo que sí ocurre en otros casos. Pero hay pasajes numerosos que
efectivamente enseñan lo que impropiamente se puede llamar expiación limitada. Hay también
pasajes numerosos que claramente enseñan lo que podría llamarse expiación ilimitada.
¿Cómo explicar esto? Muy sencillamente. Los que se alegan a favor de la expiación limitada se
refieren a su aplicación o eficacia efectiva, es decir, la expiación, o mejor, redención eficaz,
mientras que los que favorecen una expiación ilimitada se refieren a su suficiencia para todos,
es decir, al valor infinito de la expiación obrada por Cristo. Reconociendo esto todos estaríamos
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de acuerdo y tendríamos que ser cuidadosos para que cuando este asunto se presente a
creyentes seamos claros y precisos para hacerlo desde el punto de vista de que la expiación
de Cristo es suficiente para todos, pero eficaz sólo para los elegidos, lo cual deja a salvo su
valor infinito y el amor de Dios, pero no nulifica su justicia ni soberanía.
1)
Todos los pasajes que los que sostienen la “expiación” limitada presentan a favor de
su posición se refieren a la redención limitada, en que todos estamos de acuerdo:
se salvarán efectivamente sólo los elegidos. Todos ellos, por la exclusiva gracia de
Dios, cumplirán la condición indispensable para salvarse de arrepentirse y creer
(convertirse). Esto es la eficacia de la expiación de Cristo.
Algunos ejemplos de estos pasajes: Juan 17:9; 6:37, 44; Efes. 5:25; etc. Obs. Juan
17:8; 6:37: Los elegidos tienen que creer o venir.
2)
Los pasajes que se refieren a que Cristo murió por todo el mundo deben entenderse
en el sentido de que la expiación de Cristo es suficiente para todos, es decir que por
ser Dios y hombre su expiación tiene un valor infinito, suficiente para salvar a todos
los seres humanos, si Dios lo hubiera querido. Si los no elegidos quisieran, podrían
arrepentirse y creer usando su voluntad natural, que por ser personas conservan.
En tal caso la expiación de Cristo sería suficiente para salvarlos, pero NUNCA
QUIEREN, aunque entiendan el evangelio y tengan evidencia de su poder y efectos
benéficos. Nótese que no quieren porque aman su pecado y están decididos a
continuar en él: Juan 3:19-20
Entre estos pasajes: II Pedro 2:1 (el rescate fue pagado, pero no beneficia a los que
lo rechazan).
I Juan 2:2 (el mundo se refiere a todos, no algunos: I Juan
5:19).
I Timoteo 2:4-6; 4:10 (4:10 es claro sobre suficiencia y eficacia
de la expiación).
Hebreos 2:9 (el vers. 10 muestra otra vez la eficacia, el 9 la
suficiencia).
Juan 3:16 (el contexto se refiere tanto a perdidos como
elegidos. Limitar “mundo” aquí es claramente
agregarle a la Biblia).
Hech. 17:30 (idem.)
Mateo 11:28 (todos son invitados, pero para que la oferta sea
eficaz, tiene que venir)
Hay más pasajes de esta última clase: Tito 2:11; Rom. 5:18; etc.
En todos hay tener presente, que expiar, propiciar, redimir, salvar no significan que
efectivamente todos sean salvos. Está cumplida la condición para serlo: un sacrificio
perfecto y completo por todos. Pero los que rehúsan aceptarlo o lo rechazan por su
incredulidad o amor al pecado no reciben sus beneficios y eso es lo que hacen los
no elegidos.
7
Lo más importante: Cuando tengamos que dar cuenta de hasta qué punto obedecimos al
Señor en todo; demostrando así nuestro amor a él, será completamente irrelevante si creímos
en la expiación limitada o ilimitada.
Pero sería una enorme falta de tino e inteligencia mencionar a los perdidos este tema,
que el diablo podría usar para disuadir durante un tiempo, a veces mucho tiempo, a un elegido
para que se convirtiera o, lo que es lo mismo, viniera a Cristo. Esto sería lo mismo que decirle
que si son predestinados se salvarán. El Señor no nos envía a predicar esas verdades sino el
evangelio, con una ardiente invitación para que los perdidos vengan a Cristo y se salven. Los
elegidos y predestinados en ese momento o después se convertirán; los otros no se
convertirán de ninguna manera, pero se verán obligados algún día a reconocer que rechazaron
el inmenso amor de Dios y que por eso su condenación eterna es completamente justa. Pero
eso sólo lo sabe el Señor. Nuestra responsabilidad es predicarles a todos.
Por último, y aunque no se relaciona directamente con los cinco puntos del calvinismo,
tengo que referirme a otros aspectos de la posición de nuestra denominación que han sido o
están siendo usados por algunos para perturbarla.
Lo primero es nuestro concepto de las últimas cosas (la escatología). Algunos, a lo
menos de los jóvenes que he mencionado, han adoptado la posición de los reformadores
holandeses, que niegan el arrebatamiento de la Iglesia, la tribulación y el milenio, lo cual hacen
interpretando en forma muy forzada e insatisfactoria una parte considerable de la Escritura,
usando principalmente su espiritualización indiscriminadamente. Esto proviene de creer que
sostener esos puntos de vista está determinado por un concepto dispensacionalista de la
teología. Esto, debido a que muchísimos de los actuales sostenedores de esta interpretación
escatológica son efectivamente dispensacionalistas. Pero esta interpretación fue sostenida a lo
menos tres siglos antes de que se desarrollara el dispensacionalismo. Nuestra denominación
acepta esa interpretación escatológica, pero rechaza el dispensacionalismo. Por ahora no
entraré en más detalles sobre esto.
Algo muy llamativo es que las denominaciones reformadas y muchas presbiterianas, que
se jactan de su pureza doctrinal, están activamente involucradas en el ecumenismo, una
posición que no puede ser más claramente apóstata. ¿Cómo pueden apoyar un movimiento
que quiere qué nos unamos con Roma?
Igualmente llamativo es que prácticamente todas, muy posiblemente todas, hayan
adoptado una posición sobre lo que llaman falsamente “libertad” cristiana que es completa
mundanalidad. Esto es más grave y contagioso que las desviaciones doctrinales teóricas, por
lo cual debo referirme a ello algo más extensamente.
Sostienen que la abstención de prácticas como el beber alcohol, fumar, bailar e ir al cine,
y otras, es legalismo, es decir, un esfuerzo para justificarse por buenas obras, por cumplir la
ley. Pasan completamente por alto 1ª de Juan 2:15-17: “No améis al mundo, ni las cosas que
están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo
que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne y la concupiscencia de los ojos y la
soberbia de la vida no es del Padre, más es del mundo. Y el mundo se pasa y su
concupiscencia, mas el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. También:
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“Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o
sea debilitado” (Romanos 14:21).
Indudablemente algunos pueden abstenerse de estas prácticas formalmente,
farisaicamente. Pero si el corazón es puro y recto para con Dios de ese corazón nacerán estas
conductas. Si alguien práctica estas cosas no puede tener un corazón recto para con Dios,
porque no puede caber duda que estas prácticas corresponden a las concupiscencias de los
ojos y de la carne, que la Biblia dice que es lo que está en el mundo. Beber alcohol, fumar y
bailar son concupiscencias de la carne. Se justifica el beber alcohol diciendo que Jesús bebía
y que no se prohibe en la Biblia. Sí, pero no beber se presenta como un dechado en la figura
de los nazarenos, en el pasaje de Romanos 14:21, que cité, y en otros pasajes. Además existe
una enorme diferencia entre el vino con baja graduación alcohólica y mezclado con agua y los
licores de elevada graduación alcohólica que ahora se usan. Hay que agregar que entre los
judíos y en tiempos de Jesús, entre ellos no existía el problema que el alcoholismo plantea en
nuestro tiempo, cuando es una calamidad catastrófica. ¿Cuál es el límite entre lo moderado y
lo inmoderado, si basta medio vaso de vino para que el Reglamento del Tránsito le prohiba a
un chofer conducir un vehículo motorizado? ¿Está borracha tal persona? ¿Cómo no será del
mundo bailar si todos reconocen que produce excitación sexual? ¿Cuál es el ejemplo que da
un cristiano que baila? ¿Defenderán también como lícito decir obscenidades (garabatos) como
lo hacen los mundanos, porque lo dicen a menudo sin ánimo de ofender?
Mirar espectáculos inmorales en el cine, la televisión o cualquier otro medio o lugar ¿no
es concupiscencia de los ojos? Y esto ¿no es del mundo? ¿Cuál es el ejemplo que dan estas
personas a otras?
Por supuesto que hay otras manifestaciones del mundo, pero esto no excluye las que he
mencionado.
A esta mundanalidad se agrega todavía otro ir cuesta abajo de los “reformados”. Es su
defensa, uso y justificación de las versiones adulteradas de la Biblia. No entraré en detalles en
esto, pero no les importa que quienes las han hecho sean apóstatas, liberales o modernistas,
lesbianas y ecuménicos. ¿Puede provenir una Biblia digna de confianza de manos tan
impuras? Y “¿Si fueren destruidos los fundamentos, qué ha de hacer el justo?”.
NADIR CARREÑO MAUFRAS
Pastor Igl. Presb. Fund. Bibl. “Smirna”
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